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El peregrino oficial

Miércoles, enero 27th, 2010

Desde que el primer peregrino recorrió hace más de mil años el Camino de Santiago ha existido la picaresca. Buscavidas de toda índole en forma de hospitaleros, peregrinos, comerciantes, guías o incluso párrocos. La mayoría no hacen daño a nadie -tal vez sea esa la diferencia entre pícaro y maleante- y se dedican únicamente a vivir de lo que pueda darles la ruta. Una comida gratis aquí, un regalo allá… Otros simplemente buscan fama, ser reconocidos como el peregrino oficial o algo así.

Zapatones, el peregrino de Fraga

Zapatones, el peregrino de Fraga

Uno de estos personajes nos lo encontramos al llegar a la compostelana plaza del Obradoiro. Su atuendo, el habitual de los peregrinos medievales, con su capa, su sombrero de fieltro y su bordón no dejan lugar a dudas. Suele estar allí plantado, como si fuera uno de esos romanos recién salidos de un cuento de Asterix que posan junto al Coliseo de Roma en busca de alguna propina. Pero Zapatones no busca propina. Él se conforma con contar a quienes llegan a Santiago rocambolescas historias en las que se convierte en una suerte de “peregrino oficial”.

-Yo soy el peregrino de Fraga -decía cuando aquel aún era presidente de la Xunta-. Como Fraga no puede inspeccionar todo el Camino, me envía a mí para comprobar que todo esta bien.

Y se quedaba tan ancho. Lo peor de todo es que cuando tras un mes de caminata diaria llegas a Santiago te lo crees todo, así que volvías a tu casa convencido de que aquel tipo era realmente el peregrino de Fraga. Hace tiempo que no hablo con él. Cuando estoy por Santiago y me lo cruzo hago como que no lo veo, pero él sigue allí, siempre con grupos de peregrinos recien llegados a quienes lleva a su bar preferido, que curiosamente suele cambiar cada poco tiempo.

Con idéntico atuendo pero una barba infinítamente más larga, Marcelino Lobato es otro de esos curiosos personajes que han surgido de la ruta. Con una credencial que, como si de un rollo de papel higiénico se tratara, mide varios metros, Marcelino se dedica a recorrer el Camino de forma incansable. Aparece en periódicos de toda España, asiste a la ceremonia de apertura del año Jacobeo con las autoridades y da conferencias como peregrino experto que es. Como famoso que se precie suele llevar fotos suyas para regalar. Aún guardo una en blanco y negro en la que aparece junto con una paloma blanca. Por si fuera poco, lleva siempre encima un sello y un bote de tinta para estamparlo en las credenciales de los peregrinos que se encuentra en el camino. Genio y figura.

Me cuentan que en los últimos tiempos, cuando Marcelino se cansa de caminar, pasa los días en su “oficina”, una sencilla marquesina de madera en las afueras de Logroño donde espera a los peregrinos, a quienes regala un rato de su amena charla, algo de fruta e incluso algún que otro bordón.

Y no me cabe duda de que lo agradeces, porque el Camino está hecho de pequeños detalles como estos, que lo convierten en una ruta mágica incomparable con ningún otro recorrido del mundo. Además, ¿qué sería del Camino sin estos entrañables pícaros modernos?