El Camino se convierte a menudo en una auténtica lucha contra los elementos. La lluvia, más frecuente en invierno pero también posible en los meses estivales, es uno de los principales enemigos del peregrino. A priori podemos pensar que no es para tanto, que es suficiente con echarse encima una capa impermeable y listo. Pero la realidad nos lleva más allá: las botas se mojan, el pie roza y aparecen ampollas. Menos vista como una amenaza, la presencia del sol, puede provocar también problemas si se une a los calores del verano. Insolaciones, golpes de calor, deshidratación son enemigos peligrosos que una buena prevención permite mantener alejados. (más…)