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Entre corredoiras y aldeas

Lunes, mayo 17th, 2010

Corredoira entre la niebla

Todo cambia al llegar a O Cebreiro. Hasta entonces los caminos eran anchos, de tierra y compartidos con tractores casi siempre, pero la entrada en Galicia los vuelve estrechos. Estrechos y empedrados en muchos tramos. Son las corredoiras, las viejas rutas de unión entre aldeas. Existen desde mucho antes de la llegada de las carreteras y durante siglos, tal vez milenios, fueron la verdadera espina dorsal de las tierras gallegas. Por ellos caminaron -y lo siguen haciendo- los vecinos de los pueblos, el ganado, los arrieros con sus carros de bueyes y, por supuesto, los peregrinos. (más…)

De puente a puente

Martes, marzo 23rd, 2010
Puente la Reina

Puente la Reina

Decenas de puentes salvan ríos y arroyos a lo largo del Camino de Santiago. Los hay simples y de belleza sobria, como aquel formado por improvisadas losas que cruza un arroyo de aguas puras a las afueras de Melide; y los hay grandiosos y monumentales, como el de Puente la Reina y el de Puente de Órbigo. Todos ellos tienen algo en común: fueron tendidos para facilitar el paso de los peregrinos, que hasta su construcción debían vadear los ríos con ayuda de barcas de peaje. (más…)

Cuando cantó la gallina después de asada

Jueves, enero 21st, 2010
Un gallinero en la catedral

Un gallinero en la catedral

La ruta jacobea está salpicada de leyendas. No hay pueblo que no tenga la suya propia. Pero algunas han transcendido a lo largo de los siglos y han llegado con fuerza hasta nuestros días, convertidas en historias inseparables del propio Camino. No es difícil imaginarse a los peregrinos medievales escuchando atentamente junto al fuego historias y leyendas de boca de posaderos, frailes o juglares. En un tiempo en que no existía la televisión, la luz eléctrica ni otras comodidades modernas, las largas noches de invierno se convertían fácilmente en infinitas tertulias al abrigo del frío exterior.

Una de las más populares tuvo como escenario Santo Domingo de la Calzada, la localidad riojana nacida para dar acogida a los peregrinos. Fue allí donde en el siglo XIV pernoctaron un matrimonio alemán con su hijo Hugonell. A sus 18 años debía de ser muy apuesto, porque la posadera se enamoró locamente de él. Tanto que al no ver correspondido su amor, escondió una copa de plata en el zurrón del pobre muchacho.

Al día siguiente, Hugonell abandonaba el pueblo con sus padres cuando los guardias, avisados por la joven, le dieron el alto. Registraron su zurrón y al encontrarlo culpable de robo lo condenaron a muerte.

Los padres imploraron ayuda al apostol Santiago, pero la ejecución se llevó a cabo según lo previsto. Sin embargo, al acercarse a la horca para despedirse de su hijo, oyeron su voz diciéndoles que estaba vivo gracias al apostol.

Felices, fueron a ver al Corregidor, al que encontraron en plena comida. El hombre se burló de ellos:

-Vuestro hijo está tan vivo como el gallo y la gallina que me estoy comiendo.

En ese preciso instante, los animales saltaron del plato y se pusieron a cantar.

Desde entonces, un gallo y una gallina viven durante todo el año en la nave principal de la catedral de Santo Domingo de la Calzada. Y desde entonces también uno de los dichos más populares del Camino Francés reza así:

SANTO DOMINGO DE LA CALZADA, DONDE CANTÓ LA GALLINA DESPUÉS DE ASADA.