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El truco de los dos bastones

Miércoles, julio 14th, 2010

Peregrino con dos bastones

Personalmente soy más de bordón tradicional que de bastones extensibles, pero debo reconocer que ayer me llevé una sorpresa. Un amigo no paraba de insistirme que tenía que probar los bastones extensibles, no uno sino dos. Uno en cada mano. Insistió tanto, se puso tan pesado que finalmente acepté. Le pedí que me prestara sus dos bastones y le prometí que los probaría. En cuanto se marchó, cogí un bastón en cada mano y salí a caminar. (más…)

El bordón del peregrino

Martes, enero 12th, 2010

Peregrina oriental con bordón   (Foto: Juanra)

De avellano, de castaño, o de algún otro tipo de árbol de los frondosos bosques de Navarra, el bordón del peregrino ha sido desde siempre compañero inseparable del caminante hacia Compostela. Su imagen, con la calabaza colgando, era habitual del peregrino medieval. En nuestros días, la cantimplora o la simple botella de agua han tomado el testigo a la calabaza.

El bordón, sin embargo, aún acompaña los pasos de los peregrinos del siglo XXI hasta Compostela. Es cierto que en los últimos años son muchos quienes se han pasado a los bastones extensibles que se pueden comprar en las tiendas de deportes. Los he probado y me gustan para pequeñas travesías de montaña, para paseos abruptos donde necesitas un punto de apoyo, pero para el Camino nada como el bordón tradicional. Lo que más me gusta de ellos es su altura. Deben medir al menos un par de palmos más que el peregrino. De ese modo puedes sujetarlo mucho más arriba que un bastón extensible, logrando una postura erguida. La espalda sufre mucho menos al no ir encorvada bajo el peso de la mochila.  Además, el cálido tacto de la madera no es comparable al plástico de los bastones extensibles; y son muchas horas cada día con el bordón en la mano. ¿Y qué me decís del rítmico sonido del bordón en el suelo del camino?

Hay varias formas para hacerse con un buen bordón. La primera es adentrarte en el bosque y hacerte con uno. La segunda es comprarlo en las muchas tiendas que lo venden a lo largo de la ruta. Y la tercera, la más entrañable, la más auténtica, es pasar a saludar a Pablito, Pablito de Azqueta, Pablito el de las varas.

El tramo navarro del Camino no podría entenderse sin la presencia de este hombre que pasa de los setenta años y que espera en el campo o junto a su casa de Azqueta -siete kilómetros después de Estella- a que pasen los caminantes. Te saluda, te invita a pasar a su casa a tomar un café y te regala una vara. Una a tu medida. Él sabe. Prueba con una y con otra hasta dar con la que mejor vaya con tu altura y constitución. Con Pablito nunca se sabe cuándo seguirás hacia Monjardín. Con él la conversación es agradable y se puede alargar durante horas. Recuerdo la primera vez que pasé por su casa, cuando yo no sabía siquiera que aquel hombre existía. Eran las ocho de la mañana de un día de primeros de julio. Al verme pasar, salió corriendo:

-Corre, pasa, que está a punto de empezar el encierro de San Fermín.

Estuvimos allí viendo correr a los toros detrás de los mozos. Un café, otro y otro más. Charlamos de todo, de la vida, del Camino, del tiempo y de los campos. Y salí de allí contento, con aquel bordón que llegó conmigo a la tumba del apostol y que arrojé al mar en Finisterre.

Como a mí, Pablito atiende cada año a miles de peregrinos. Según sus cálculos, ha entregado ya más de 25.000 varas. Él mismo se ocupa de cortarlas en los bosques de Belate, aunque ahora, por eso de la edad, recurre a sus sobrinos para que le echen una mano. Elige las mejores varas de avellano, una madera flexible y recia al mismo tiempo. A cambio, no pide nada, pero por el cariño con el que enseña las postales y fotos que le envían los caminantes, se adivina que agradece una postal al llegar a Compostela.

Yo se la envié. Gracias a su bordón mi Camino fue un poco más fácil y gracias a él, a su café y a su conversación, aquel día de julio quedará grabado para siempre en mi memoria. ¡Gracias Pablito!