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Evitemos los problemas físicos

Lunes, mayo 24th, 2010

La salud en el Camino

El Camino de Santiago es una importante prueba física en la que vamos a someter al cuerpo a largas caminatas durante varias semanas. No es lo mismo salir el fin de semana a la montaña y “descansar” el resto de la semana en nuestras oficinas, que caminar cada día durante horas y sin jornadas de descanso. Si no tenemos cuidado es posible que suframos algún tipo lesión o de percance que nos obligue a avanzar más despacio, o incluso a abandonar. Así que como prevenir es mejor que lamentar, vamos a hacer un pequeño inventario de los problemas físicos más habituales, de cómo prevenirlos y de cómo solucionarlos o mitigarlos si es posible. (más…)

¿Ampollas? No, gracias.

Martes, febrero 2nd, 2010

Son las más temidas y odiadas del Camino de Santiago. Su aparición puede convertir las etapas en auténticas torturas que minan la moral de cualquiera. Y no exagero. He colaborado como hospitalero en varios refugios del Camino y he visto peregrinos tremendamente desmotivados y con la moral por los suelos por culpa de las ampollas.

Pero no nos asustemos. Es fácil evitar su aparición y en caso de que aparezcan no resulta complicado tratarlas para que no vayan a más.

Los pies son el vehículo del peregrino.

Los pies son el vehículo del peregrino.

Lo primero a tener en cuenta es que no es recomendable comprarse las chiruca la víspera de comenzar a caminar. Por muy buenas que sean unas botas, conviene comprarlas al menos un mes antes para ir acostumbrándolas al pie. Un día te las pones después de salir del trabajo y te das un paseo con ellas, otro día te vas al monte a caminar un poco, también las puedes llevar para ir a la compra… lo que sea para ir haciéndose a ellas. De este modo, el pie se adapta a la bota y la bota se adapta al pie. Lo que no es recomendable es comprarlas esta tarde y mañana comenzar el Camino, porque es probable que aparezcan roces y ampollas.

Una vez en la ruta, hay quien se unta los pies cada mañana con un poco de vaselina. Ayuda a evitar roces, especialmente los días lluviosos, que son los más peligrosos. Otro truco interesante es el del doble calcetín: uno de algodón con las costuras hacia fuera y uno de lana por encima.

Pero, ¿y si aparecen, cómo podemos combatirlas?

Cada maestrillo tiene su librillo. Y más en este tema. Pero la experiencia como peregrino y hospitalero me ha enseñado que una buena solución, nada agresiva, es poner los pies a remojo en agua tibia con un buen puñado de sal y un potente chorro de vinagre. Ayudan a desinfectar y cicatrizar las ampollas, además de servir de relajación para los pies, cansados tras la etapa diaria.

Otra solución, que sirve para reducir el tiempo que tarda en desaparecer la ampolla, consiste en quemar una aguja de coser para esterilizarla y atravesar la ampolla con ella. Previamente habremos enhebrado un hilo que dejaremos dentro de la ampolla para que drene. Para ello lo cortamos por ambos lados a un par de centímetros de la ampolla. Es efectivo, especialmente en un Camino donde al día siguiente hay que seguir caminando, por lo que no podemos permitirnos que las ampollas desaparezcan según su ritmo natural.

Si has hecho el Camino, puedes contarnos tu método para luchar contra las ampollas. Entre todos seguro que conseguimos acabar con ellas. O al menos lograremos que no amarguen la ruta de los futuros peregrinos.