El castillo que todo lo ve

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Fortaleza de Monjardín

Hay en Navarra una fortaleza inexpugnable colgada en lo más alto de una montaña picuda. Es el castillo de Monjardín, atalaya perfecta sobre los valles de Tierra Estella. Sus imponentes contrafuertes vigilan los pasos de los peregrinos desde antes de llegar a Estella hasta pasados Los Arcos. A sus pies se extiende una amplia comarca marcada por los viñedos y los cultivos de cereal. La Azqueta de Pablito del de las Varas, Villamayor de Monjardín, la fuente de los Moros y la fuente del Vino se dibujan entre las viñas. La vista desde lo más alto de la fortaleza quita el aliento, pero aún más impresionante resulta la rica historia que se esconde tras sus muros.

Hay que remontarse hasta el siglo IX, la misma época en la que se encontró el sepulcro de Santiago, para comprender su historia. Los árabes, que controlaban gran parte de la península, habían levantado en lo alto de la montaña de Monjardín una avanzadilla defensiva cercana a las fronteras de su territorio. Nadie podía moverse por el entorno sin ser visto por los musulmanes que oteaban el horizonte desde las alturas. Fue a finales de aquel siglo, en pleno inicio de la Reconquista, cuando las tropas navarras comandadas por el rey Sancho Garcés, consiguieron tomar la fortaleza. La batalla fue cruenta y el asedio largo, pero con la conquista del castillo los cristianos lograban un importante baluarte desde el que recuperar toda la comarca.

Villamayor desde el Monjardín

Y lo más importante para nosotros: la toma del Monjardín supuso la apertura del actual Camino de Santiago por estas tierras. Hasta ese momento los peregrinos recorrían la costa o el interior de Euskadi, pero a partir de entonces se fundó el conocido como Camino Francés. La famosa fuente de los Moros, un aljibe románico situado a los pies del Monjardín, fue construida pocos años después para aliviar la sed de los caminantes.

Hoy, muchos siglos después, la fortaleza de Monjardín continúa dominando el paisaje de Tierra Estella. El Montejurra a un lado del valle y el Monjardín al otro, vigilan estas tierras de vino donde el peregrino disfruta de una de las etapas más hermosas de su Camino hacia Compostela. Un camino ancho y bien señalizado trepa desde Villamayor hasta las alturas del cerro, un añadido poco probable en pleno Camino de Santiago, pero que muchos peregrinos querrán disfrutar en posteriores visitas a la zona.

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