El Camino del Invierno

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Fascinante Ribeira Sacra

Todavía no es invierno, aún quedan meses para que se nos presente en toda su crudeza, pero las heladas nocturnas ya están aquí. Las hemos sufrido hoy por primera vez en gran parte del interior de la península. Cualquier día caerán las primeras nevadas. Esas que duran apenas unas horas en las calles, pero que hacen intransitable el Camino en sus puntos más altos. Para evitar las alturas de Cebreiro y el Poio, nació una variante no menos atractiva: el Camino del Invierno, una variante que nace en Ponferrada y discurre más al sur, por el fondo del valle. Vamos a indagar un poco en su pintoresco recorrido.

Sus raíces nos llevan de vuelta hasta tiempos de los romanos, cuando el imperio explotaba las ricas cuencas auríferas del río Sil. Una vieja calzada unía Las Médulas, hoy Patrimonio de la Humanidad, y Montefurado, un lugar de ensueño donde el Sil forma una laguna de aguas apacibles en la que el baño veraniego resulta fascinante. ¡Lastima que sea el Camino del Invierno! Desde aquí, la vía romana seguía hacia Monforte de Lemos, descubriendo la impresionante Ribeira Sacra, con sus monasterios apartados y sus viñedos en equilibrio sobre la pendiente. El tiempo parece detenerse en esta zona para discurrir apacible, igual que un Miño que se embalsa entre paredes inexpugnables.

Varios puentes romanos ayudan a los peregrinos a salvar los ríos Lor, Cabe y Miño entre Monforte y la sierra de O Faro, tras la que se desciende a Lalín, en Pontevedra. Desde aquí, el Camino del Invierno se funde con la Vía de la Plata para llegar en apenas un par de etapas hasta Compostela.

Pese a que podamos pensar lo contrario, el Camino del Invierno no tiene menos atractivos que el Francés por O Cebreiro y Sarria. Nada más lejos de la realidad, porque por la vía invernal atravesamos primero las minas de oro de Las Médulas, de rojizos pináculos entre castaños centenarios. No menos impactante es la entrada en Galicia siguiendo el Sil hasta Monforte, donde nos esperan pulperías que nada tienen que envidiar a la de Ezequiel, en Melide. En la Ribeira Sacra descubrimos los cañones del Sil, con sus impresionantes miradores entre templos románicos. Es ésta la Galicia profunda, esa en la que las primeras horas de la mañana permiten descubrir a señoras de negro haciendo la colada y charlando en los lavaderos públicos, estampa entrañable que creíamos perdida para siempre.

El Camino del Invierno, bien señalizado, es ideal para el peregrino que busca tranquilidad y pocas aglomeraciones. En contra tiene la carencia de una amplia red hospitalaria exclusiva de peregrinos, aunque cuenta con albergues municipales en Vilamartín, O Barco y Quiroga. En el resto de etapas hay que recurrir a las numerosas casas rurales y hoteles con encanto que existen en la zona. Y como último punto a favor, la abundancia de áreas fluviales donde hacer un alto junto a ríos de aguas cristalinas. Cuento de memoria por lo menos once zonas de descanso a orillas del río, un lujo para difrutar de un picnic o de un corto descanso para reanudar la marcha con más fuerza.

Ya sabéis, si hay nieve en las cumbres y el frío comienza a ser un problema, o si queréis disfrutar de un Camino apenas conocido, tenéis una cita con el Camino del Invierno. Sólo tenéis que desviaros en Ponferrada y descubrir estos 250 kilómetros alternativos hasta la tumba del apóstol.

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