El cura descreído

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El cáliz del milagro en la iglesia de Santa María

Cuenta una de las leyendas más entrañables del Camino que un día de invierno de esos en los que la nieve bloquea por completo O Cebreiro, ocurrió allí un milagro sorprendente. Corría el siglo XV cuando un campesino de la cercana aldea de Barxamaior acudió, como cada día, a oir misa en la pequeña iglesia de piedra. El cura, un personaje resabiado y descreído, decía la misa de forma rutinaria ante aquél único feligrés que había desafiado a los elementos cuando nadie osaba salir de sus casas.

¡Pobre home, vir con este tempo dende tan lonxe, e expoñéndose a morrer no camiño, só para prostrarse ante un pouco e pan e viño… (Pobre Hombre, venir con este tiempo de lejos, exponiéndose a morir por el camino, solo para arrodillarse ante un poco de pan y vino -pensaba el religioso mientras se disponía a celebrar la comunión. En ese momento, la hostia se convirtió en carne y el vino se hizo sangre. El impacto fue excesivo para la mente estrecha de aquel párroco, que cayó fulminado de la impresión.

El feligrés echó a correr hacia el altar, con intención de socorrer al cura, pero era demasiado tarde. Había muerto del susto.

Los Reyes Católicos fueron informados del milagro y no tardaron en ponerse en marcha para conocerlo de primera mano. En 1486 peregrinaron a O Cebreiro para ver el cáliz con sus propios ojos. No fueron los únicos, porque la noticia corrió como la pólvora por toda Europa. Tanto que hasta el propio Wagner en su obra Parsifal habla de ese minúsculo pueblo de las montañas del norte de España donde se encuentra el cáliz donde bebió Jesucristo en la Última Cena. Sí, los peregrinos medievales extendieron la creencia de que el cáliz del milagro no era otro que el Santo Grial, la copa de la que bebió Cristo y en la que fue recogida su sangre por José de Arimatea.

La encantadora iglesia de O Cebreiro es desde entonces uno de los lugares de culto más importantes de la ruta jacobea. Entre el silencio de sus paredes, tras un cristal blindado a modo de caja fuerte, se muestra a curiosos y devotos ese cáliz milagroso que delató a un cura descreído y encandiló a peregrinos llegados de todo el mundo conocido.

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