El móvil en el Camino

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Cabina de teléfono

Todavía recuerdo mis primeros Caminos. Tenía 18 o 19 años cuando me colgué el petate a la espalda y me fui a Roncesvalles para empezar la ruta. Mi madre ponía el grito en el cielo. ¡Te va pasar algo! ¡Estas loco, tú solo por esos caminos! Parecía que me iba a la guerra de Irak y no a hacer la ruta jacobea. La solución que pactamos para su tranquilidad pasaba porque cada día llamara a casa. Me compré una tarjeta de esas de las cabinas, creo que de dos mil pesetas, y cada noche buscaba una cabina y llamaba a casa. No era difícil, porque para el Xacobeo 93 Telefónica había instalado cabinas en todos los pueblos de la ruta con albergue de peregrinos.

Hoy, la estampa de hacer cola ante la cabina, tan frecuente en aquella época, parece muy lejana. No creo que haya mucha gente que haga el Camino sin su móvil. Y eso que los primeros años resultaron traumáticos. Los pudientes tenían móvil, los peregrinos de a pie seguían usando las cabinas. En esa época hubo refugios que prohibieron radicalmente el uso del teléfono. Un peregrino con móvil debía apagarlo dentro del refugio. Los enchufes fueron anulados para impedir su carga. Todo fue motivado por la falta de educación de muchos a la hora de ponerse a hablar dentro del refugio mientras los demás descansaban.

En muy pocos años, el uso del móvil se generalizó y la cobertura en el Camino llegó a ser plena. Creo que no hay un lugar del Camino francés en el que no exista cobertura de telefonía móvil. De ese modo, ese pequeño trastito ruidoso se ha convertido en algo habitual en la mochila de cualquier peregrino. Mi madre habría estado más tranquila gracias al móvil, pero en cambio yo no habría logrado desconectar totalmente de mis quehaceres cotidianos.

Sobre el móvil en el Camino hay muchas opiniones. La mía no es ni muy favorable ni muy contraria. Me parece bueno llevarlo, puede ayudarnos en caso de alguna emergencia y sirve para seguir en contacto con familiares y amigos. Pero por otra parte, nos ata en cierto modo a nuestra vida cotidiana e incluso al trabajo. He visto peregrinos hablando durante horas de trabajo mientras caminaban por bosques que parecían encantados. Luego les preguntas qué les ha parecido el hayedo y te miran extrañados porque ni habían reparado en el entorno por el que atravesaban.

En resumen: llevaría el móvil pero lo tendría apagado y sólo lo encendería para llamar. Y, por supuesto, nunca dentro del refugio, donde un teléfono debe estar apagado o en modo silencioso para no perturbar el descanso de los demás.

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Un comentario to “El móvil en el Camino”

  1. Sergio dice:

    Estoy de acuerdo contigo. Este mes de octubre hice el camino desde León. Llevé el móvil por si surgía alguna urgencia (estoy operado de las dos rodillas). Sólo lo encendía un momento por la noche para tranquilizar a mi familia y luego loa pagaba. El móvil no es malo para el camino si sabes darle un uso racional y evitas que te distraiga y te aleje del Camino.