El pueblo de las aguas

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Playa fluvial y puente Romano

Después de los páramos castellanos, después de días con el color dorado del cereal como único protagonista cromático de la ruta, el Camino comienza a vestirse de verde. Galicia aún se hará esperar un par de jornadas, pero el paisaje comienza a tornarse boscoso, los arroyos corren cantarines aquí y allá y los tejados se vuelven del color negro de la pizarra. Estamos en el Bierzo. El Acebo es su primer pueblo, en plena bajada del puerto de Foncebadón. Pero hoy seguimos bajando hasta el fondo del valle para llegar a la mejor piscina natural del Camino. Está en Molinaseca y no es el único vínculo con el agua de un pueblo que una vez al año ve sus calles convertidas en auténticos ríos de agua y diversión.

La playa fluvial está a la entrada, a los pies del Puente Romano y es todo un lujo para el peregrino que acaba de salvar la exigente tachuela del puerto donde se alza la Cruz de Ferro. Al verla, con sus aguas transparentes y frescas, los peregrinos se suelen quedar un rato apoyados en la barandilla del puente, anonadados. Es como si dudaran entre bañarse o no. Por un lado, el cuerpo les pide baño, pero por otro, las ganas de llegar a Ponferrada y la pereza de empezar a quitarse ropa y botas… Muchos se bañan, otros se quedan un rato allí apoyados, pasando envidia, y siguen camino.

Merece la pena el chapuzón, no hay piscina igual en todo el Camino. Se trata de una pequeña presa del río Meruelo, que recoge las aguas de varios arroyos que bajan de los montes de León. Son aguas limpias y tranquilas y a su lado hay un magnífico cesped para tumbarse. Y sombras de árboles para dormir la siesta. Una maravilla, vaya.

Refrescante fiesta del Agua

Pero el río Meruelo no siempre está tan tranquilo. Una vez al año, a mediados de agosto, su cauce se desvía por las calles del casco antiguo. Sí, habéis leido bien: las calles se convierten por ese día en auténticos ríos de aguas limpias. Es la Fiesta del Agua, que se celebra desde hace más de cuarenta años. Una gran chocolatada popular da el pistoletazo de salida a la inundación, que comienza a las nueve de la mañana. Los vecinos, armados con cubos, luchan entre sí durante horas, lanzándose litros de agua refrescante como si fuera una temible arma arrojadiza. Es diferente y es divertido, sobre todo en los años en que el calor aprieta.

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Un comentario to “El pueblo de las aguas”

  1. j.m.b.c dice:

    no solamente hay esa piscina; tambien en najera y carrion te puedes chapuzear en el rio