El Camino no es una carrera

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El Camino no es una carrera

Durante todo el año, pero mucho más durante el verano, el Camino de Santiago se convierte para muchos en una absurda carrera contra todo. Compiten por ser los peregrinos que más kilómetros hacen al día, los que más rápido caminan y, sobre todo, por ser los primeros en llegar al final de etapa que se han marcado. Su obsesiva carrera se suele traducir en molestias para quienes coinciden con ellos en los refugios, porque no suelen andar con cuidado cuando se despiertan a las tres o cuatro de la madrugada para iniciar la etapa de su peculiar carrera. Esa competición amenaza seriamente al auténtico espíritu del Camino, un mundo diferente al de cada día, donde la solidaridad, la amistad y el compañerismo se escriben con letras mayúsculas.

Y es que cada uno hace el Camino por un motivo diferente. Unos por una promesa, otros en busca de ellos mismos, otros como una prueba de superación personal y otros en busca de unas vacaciones diferentes y baratas. Pero a los pocos días de comenzar, el Camino obra su magia sobre todos ellos e incluso quienes no esperaban encontrar nada especial, se sumergen en un ambiente casi mágico difícil de describir pero que es en realidad lo que le da a esta gran ruta ese magnetismo que engancha.

En el Camino te sientes bien. Todo el mundo se siente bien. Tienes amigos, compañeros con los que compartir cada etapa, o cada tarde, o una cena en la que se habla del propio Camino y de la vida en general. Y tienes tiempo, mucho tiempo cada día para dedicarte a tí mismo. Caminas, miras el paisaje, miras hacia tu interior… y te sorprendes porque venías al Camino sin esperar nada especial y sin proponértelo te estás redescubriendo a tí mismo. Y te sientes bien, ¿cómo no te ibas a sentir bien levantándote al alba, como los pájaros, y caminando durante horas entre paisajes preciosos?

Ese es el estado de ánimo que invade a la gran mayoría de los peregrinos. De ahí esa necesidad de compartir, de ayudar a los demás, de animar al que desfallece. Es de nuevo algo difícil de explicar con palabras, pero el Camino crea una comunión perfecta entre tú mismo y todo y todos lo que hay alrededor. Y eso es lo que se pierden quienes compiten, quienes piensan que todo se basa en ser el mejor. ¿El mejor en qué? ¿En madrugar más? ¿En molestar a todos por ponerse a preparar la mochila en mitad de la noche? ¿En avanzar a toda prisa sin mirar lo maravilloso que hay a ambos lados del sendero? ¿En llegar el primero al refugio para adueñarse de una cama que seguramente necesitaría más una persona mayor o con alguna lesión? Pues vaya un mérito…

Siempre que he hecho el Camino he coincidido antes o después con un personaje así. Lo mejor es no hacerles caso y aflojar el ritmo para que desaparezcan cuanto antes. Es fácil: en cuanto haces una etapa un poco corta, el competitivo desaparece de tu vista porque te adelanta y duerme unos cuantos kilómetros por delante tuyo. Recuerdo una vez que tuve que sufrir durante casi una semana a uno de ellos. En Burgos, en el refugio del Parral, encendió las luces a las tres de la madrugada al grito de que le habían robado las zapatillas para que no pudiera ser el primero en salir. Con las luces encendidas y todo el refugio despierto, las encontró debajo de su cama… Otros días, cuando llegabas al final de etapa y él hacía poco que había llegado se lo tomaba muy mal y les decía a los hospitaleros que venías en autobús. Un impresentable, vaya. Lo mejor de todo es que fomentó aún más la unión de todos los peregrinos que lo sufríamos.

Por suerte son pocos, pero en verano abundan, así que estad atentos y si os encontráis con alguno, simplemente dejadle marchar sin entrar en su juego. Mejor disfrutar del Camino y de la gente que agobiarse por ser los primeros en llegar al refugio y conseguir así una cama, ¿no os parece?

Las prisas en casa y el Camino para disfrutarlo poco a poco.

¡Buen Camino!

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2 comentarios to “El Camino no es una carrera”

  1. esther dice:

    hola peio, muchas gracias por tu consejos. La verdad que como este tipo que nos cuentas nosotros hemos vivido algo parecido, son gente que no hacen camino sino compiten, corren corren para conseguir tener cama, se levantan a las 5 o antes y no dejan descansar y lo peor de todo es que el dia antes estan tomando cervezas, llegan al albergue mas tarde y se ponen a roncar… de este tipo hemos tenido la desgracia de encontrarnos, gente intolerante y egoista. Acabamos de llegar de hacer el camino y nos ha encantado, es una experiencia que esperamos repetir. un lugar magico para encontrarte y enriquecerte de todo. Lo peor que he tenido es un hinchazon de tobillos que poco a poco vuelve a su normalidad, quizás provocado por atar demasiado la bota, al final me tuve que comprar unas sandalias y con ellas andaba algo mejor pero los tobillos llegaron hinchados a santiago.. un besazo y gracias por tus consejos

  2. Marc dice:

    Hola Peio, este verano hice el Camino desde Santo Domingo de la Calzada que llegué el dia 5-7 hasta Santiago el dia 24-7 y Compostela con fecha del 25-7, hasta aquí genial.
    Cada dia empezar a caminar a las 6 de la mañana y llegar al siguiente sobre las 12.
    El por que de los madrugones tiene su lógica : en verano con los calores que hace,debes caminar con la fresca y evitar las horas mas duras de sol y al mismo tiempo ganarle la partida a los que hacen trampa ( van en coche o en autocar y los dejan a 4 o 5 kilómetros del albergue o los que van sin mochila).
    Deberian controlar de alguna manera los kilometros caminados en cada etapa para poder tener acceso al albergue,muchos nos quedamos sin cama por este motivo. Gracias y Buen Camino.