Un desvío en el Camino

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San Millán de la Cogolla

Cuando hacemos el Camino no solemos pensar en nada más que en avanzar y seguir la flecha amarilla. Nadie -o casi nadie- se plantea dejar por un momento las flechas para desviarse hacia algún pueblo o lugar de interés al margen de la propia ruta jacobea. Los que van en bici lo tienen más fácil, pero para un caminante dar un rodeo de apenas cinco kilómetros supone sumar una hora de caminata. Aún así hay lugares especiales que merecen la pena el esfuerzo. Se me ocurren un puñado de ellos, aunque seguro que podéis añadir muchos más.

El primer desvío a tener en cuenta al hacer el Camino Francés desde Roncesvalles es Eunate. La iglesia octogonal, auténtica joya contruida por los Templarios, bien merece el esfuerzo de hacer unos cuantos kilómetros extras. La soledad, la serenidad y la armonía que se respiran en su interior se graban para siempre en la memoria. Y, ¿qué decir de su claustro exterior perdido entre los campos de cereal?

No lejos de allí, en la siguiente etapa, visitaría el castillo de Monjardín. Son apenas treinta minutos de subida y la vista desde lo alto del monte es de las más hermosas que se pueden disfrutar en toda la ruta jacobea. El castillo en sí no es gran cosa, apenas unos muros, pero su situación en lo alto de una loma picuda recuerda al Arca de Noé varada en lo alto del monte al cesar la tempestad.

La ruta sigue y llegamos a La Rioja. Aquí, entre Cirueña y Santo Domingo, podemos trazar un bucle hacia el sur y descubrir San Millán de la Cogolla, la cuna del castellano. Sus monasterios de Suso y Yuso son magníficos. Aunque a decir verdad este desvío tal vez sea sólo posible para ciclistas, ya que la distancia a recorrer supone un incremento de unos veinte kilómetros, demasiadas horas para el sufrido caminante.

Con la entrada en Castilla, aparece Atapuerca. La ruta pasa por el pueblo, pero las excavaciones quedan a cierta distancia. Es otra escapada interesante, aunque no hay mucho para ver a simple vista. Lo mejor es llamar el día antes y reservar una visita a las excavaciones.

En tierras palentinas, a escasa distancia de Calzadilla de la Cueza, se encuentra Quintanilla y sus magníficos mosaicos romanos. No son tan espectaculares como los de la Villa de la Olmeda, pero bien merecen el desvío.

En León se me ocurren muchos desvíos, quizás demasiados. Obligado por la escasa distancia y por la belleza del lugar, Castrillo de los Polvazares, el pueblo maragato que se cuenta entre los más hermosos de toda España. Los cantos rodados que pavimentan sus calles se funden con los de las paredes de las casas para crear un lugar encantador. Pocos kilómetros más allá, en la bajada del puerto de Foncebadón, la herrería de Compludo supone cuatro kilómetros de desvío para disfrutar de una auténtica apoteosis de agua, musgo y el incesante martilleo del martillo pilón. Decididamente, otro desvío que conviene realizar.

En tierras bercianas, quizás los peregrinos a pie no puedan permitírselo, pero los ciclistas pueden visitar Peñalba de Santiago y el valle del Silencio, las ruinas del monasterio de Carrecedelo y la maravilla de Las Médulas. La distancia a la que se encuentran es aceptable para un peregrino sobre ruedas pero resulta sin duda excesiva para los caminantes.

Y estos son a bote pronto los muchos desvíos apetecibles que se me ocurren; desvíos que a veces parecen una locura cuando sólo pensamos en avanzar pero que al llegar a casa se convierten en bonitos recuerdos que son para siempre. En vuestras manos está el tomarlos o no y en vuestras manos está también el recomendarnos algún otro que se me haya pasado.

Gracias y buen Camino, con desvíos o sin ellos.

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Un comentario to “Un desvío en el Camino”

  1. Erick X. Hansen dice:

    También cabe destacar que, en el parque de “Los Llanos” situado a orillas del río (junto al mayor de los meandros que describe el río a su paso por la localidad), en el que se emplaza un tramo de paseo arbolado y varias campas, los habitantes y visitantes suelen disfrutan de agradables paseos, improvisados partidillos deportivos y varios actos organizados, como conciertos, proyecciones cinematográficas o teatrillos al aire libre.