Bicigrinos, peregrinos sobre dos ruedas

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Bici peregrina

Mi primer contacto con el Camino de Santiago fue en bicicleta, como el de tantos otros. Recuerdo que un día me llamó la atención un libro de Juanjo Alonso, el “Capitán Pedales”, sobre la ruta jacobea en bici. Y me lo compré. Era más un relato sobre una experiencia personal que una guía del Camino. Leerlo me despertó unas ganas enormes de coger la bici y lanzarme a la ruta. Ese verano no lo dudé, puse unas alforjas prestadas a la mountain bike y me fuí a Roncesvalles. A ese Camino siguieron un par en bici y muchos a pie. Y no sabría deciros qué es mejor, probablemente porque no haya mejor o peor, simplemente son dos maneras diferentes de hacerlo y ambas son experiencias inolvidables.

Si a pie recorremos normalmente entre 20 y 30 kilómetros al día, en bici se hacen entre 50 y 70 kilómetros. Se avanza más rápido, se tardan menos días en recorrer el Camino. Pero son días intensos, más largos que los de los caminantes, porque los ciclistas deben esperar hasta las seis o siete de la tarde para entrar a los albergues (los peregrinos a pie tienen prioridad). La jornada comienza para los ciclistas cuando el sol hace un rato que asoma por el horizonte. Durante la mañana es cuando se realizan más kilómetros, alrededor de dos terceras partes de la etapa. Después llega la hora de comer y el descanso del mediodía. No tiene sentido darse prisa para llegar a un albergue donde no podrás entrar hasta casi la noche, de modo que echas una siesta bajo un árbol, das una vuelta a pie, lees o haces algo para matar el tiempo. No es hasta las cuatro o las cinco cuando vuelves a subirte a la bici para recorrer los últimos veinte kilómetros del día.

El Camino es común en la mayoría de los tramos. Caminantes y ciclistas recorren las mismas sendas para llegar a Santiago, pero a veces es necesario salir a la carretera o dar algún rodeo por pistas más anchas para evitar tramos complicados. Senderos con mucha piedra suelta, pendientes excesivas o corredorias embarradas suelen ser los problemas más habituales. Otras veces, el ciclista puede desviarse de la ruta para visitar algún lugar interesante sin necesidad de hacer grandes esfuerzos, algo que resulta casi imposible cuando se peregrina a pie.

Si hablamos de la preparación física, igual que el peregrino a pie debería hacer excursiones antes de echarse al Camino, el “bicigrino” debe estar un poco acostumbrado a las largas salidas en bici. Aunque la ruta jacobea no es el Tour de Francia, existen suficientes puertos y tachuelas como para requerir un mínimo de forma física si no queremos acabar empujando la bici como quien camina junto a su borrico. Además, no es lo mismo subir un puerto que hacerlo con unas alforjas cargadas con diez o doce kilos de equipaje sobre la rueda trasera.

Muchos futuros “bicigrinos” se preguntan dónde duermen las bicis, cómo se llevan hasta el punto de partida y cómo retornan desde Santiago. Todo es más sencillo de lo que parece: los refugios cuentan con lugares preparados para dejarlas (conviene candarlas por si acaso). Para llevarlas y traerlas hasta y desde el Camino, lo mejor es viajar en tren. Los de Media Distancia admiten bicicletas a bordo y los de Larga Distancia cuentan con acuerdos con compañías de transporte para poder enviar la bicicleta por 45 euros.

El equipaje necesario es otro gran dilema, pero lo trataremos como se merece en una futura entrada del blog.

¡Buen Camino, bicigrinos!

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2 comentarios to “Bicigrinos, peregrinos sobre dos ruedas”

  1. Bernat Artigues dice:

    Ya espero con impaciencia esa entrega sobre el equipaje del “bicigrino”. Llevo tiempo preparando el camino en bici y creo que esa es mi mayor preocupación por el momento, que meto y que no. Sobretodo porque no me queda mas remedio que ir en los meses de invierno. Si me respetan las lesiones será en noviembre. Mas o menos tengo una lista hecha y lo tengo bastante claro, pero nunca está de mas un buen consejo como los vuestros.

  2. Félix dice:

    EL INCRÉDULO CONTINÚA EL CAMINO

    … .”y que para hablar conmigo me bastan mis pensamientos”.
    ¿Y qué lugar mejor que la soledad del Camino?
    Andar, andar y andar…para sufrir y disfrutar.
    Pensar, pensar y pensar…para vivir y dudar.
    Soñaba el incrédulo caminante que había sido un mal sueño, que Dios no podía ser el
    culpable de tanto sufrimiento; pero mientras estaba sentado en la iglesia de Sta.
    María la Blanca de Villasirga (Palencia), disfrutando de su gótica belleza y mien-
    tras sonaba el motete gregoriano “ubi caritas et amor Deus ibi est”, me vino a la
    memoria la oración , mejor dicho, la queja de Benedicto XVI a Dios ante los hornos
    crematorios de Auschwits : ¿”Por qué, Señor, has tolerado esto”? Pero Dios, como
    siempre, calló.
    Yo, pobre de mi, intenté encontrar una respuesta compaginando los dos principales
    atributos de Dios: la bondad y la omnipotencia. Y recordé…la explicación que Epi-
    curo (!qué gran tipo, sólo preocupado por la felicidad de los hombres!)daba sobre
    la incompatibilidad de estos dos atributos. Razonaba Epicuro la actitud de Dios fren
    te al mal: 1º Quiere eliminarlo, pero no puede (Esto es la impotencia)
    2º No quiere eliminarlo (Esto no es bondad)
    3º No quiere ni puede (Esto es la misma imperfección)
    4º Puede y quiere eliminarlo (Y Epicuro se pregunta: ¿Cual es el origen
    de los males y por qué no los elimina?)
    Y mi seguramente equivocada respuesta es: Él mismo es el origen de los males al
    crear un mundo imperfecto y no sabe cómo eliminarlos.

    Salgo de la iglesia y…camino, camino y camino para seguir viviendo…
    y…pienso, pienso y pienso para intentar seguir no sufriendo.

    Amigos peregrinos: Alguien dijo (no sé quién):
    ” La vida no vivida es una enfermedad que te lleva a la muerte”. Así que a vivir con
    intensidad el Camino.
    Hasta la próxima, que espero sea más positiva.
    que te lleva a la muerte,