Quizás porque allá donde vivo el color verde lo pinta todo; quizás porque allá donde nací el mar bate con fuerza, inundando el ambiente con un pegajoso olor a salitre; quizás porque al mirar cada día por la ventana veo un paisaje ondulado de montañas y colinas; o quizás, simplemente, porque es un lugar especial, pero lo cierto es que me enamoran los campos de Castilla. Sus formas rectilíneas, su seco aroma a cereal, sus infinitos horizontes y sus mágicas puestas de sol son, para mí, las postales más hermosas de la ruta jacobea.
Nunca olvidaré una etapa que hice cuando aún era noche cerrada. Salí de Castrojeriz tarde, a eso de las once de la noche. Cené unos huevos fritos con morcilla de la tierra, me tomé un café cargado, pasé por el refugio y me cargué la mochila a la espalda. La luna estaba llena y los ojos no tardaron en acostumbrarse a la oscuridad. El silencio de la noche, roto sólo por los grillos y el ulular de aves nocturnas que no llegaba a atisbar, envolvía mis pasos en la larga recta que lleva a la base de Mostelares. La subida a la única colina de la etapa me permitió disfrutar de una vista inolvidable del pueblo, con las casas iluminadas y la silueta del castillo desafiante en lo alto del cerro. Del otro lado, Itero del Castillo amontonaba sus callejuelas junto al Pisuerga, que parecía un luminoso cordón de plata entre los campos de labor. El chapoteo del agua de la fuente del Piojo, solitaria a esas horas de la madrugada, protagonizó durante unos centenares de metros mi camino. Nada se oía aparte del agua cayendo en el pilón.
Al pasar el Puente Fitero, Burgos quedaba atrás y las generosas tierras de Palencia se abrían ante mí. Para entonces, tras casi dos horas de caminata, la luna brillaba con tal fuerza, que veía cada piedra del camino como si fuera de día. Una leve brisa que bajaba del norte, de las preciosas montañas del norte palentino, mecía el cereal, que bailaba como un mar de plata a la luz de la luna.
Durante muchos kilómetros la soledad más infinita se apoderó de mi camino. Hasta los grillos parecían haberse ido a dormir, porque el silencio era tal que casi podía sentir los latidos de mi corazón. Parecía que Boadilla no aparecería nunca, era como si la noche se hubiera tragado sus casas y el famoso rollo medieval que adorna su plaza.
Pero no, tras una larga caminata, allí estaba la terrible picota donde eran atados y humillados públicamente los malhechores. Dicen que hubo muchas a lo largo del Camino, porque también abundaron los pícaros y ladronzuelos, pero hoy sólo quedan unas pocas. Había luz en alguna de las casas de la plaza; algún labrador que acudía a regar su campo antes de la salida del sol.
Frómista se sentía cerca pero la luna amenazaba con dejarse caer tras el horizonte, por lo que apreté la marcha. Los grillos volvieron a cantar, pero eran las ranas quienes ganaban la batalla de las más ruidosas. La presencia del Canal de Castilla, con sus aguas tranquilas y cargadas de historia, parecía alterar a los animales, que saltaban al cauce a mi paso. Una suave neblina flotaba sobre las aguas y se enganchaba entre las ramas de los fresnos, jugando con la luna a crear extraños dibujos sin sombra. Era un espectáculo fascinante.
Sin darme cuenta, el horizonte fue tiñéndose de rojo a mi espalda. No lo ví hasta que me detuve en una esclusa y me giré para ver el salto de agua. Unas finas nubes se tiñeron de un intenso color anaranjado mientras el negro del cielo se fue pintando de un azul pálido. La luna, que hasta entonces me había guiado, perdió fuerza al tiempo que los primeros rayos de sol anunciaban un nuevo día y, para mí, el final de una de las etapas más apasionantes de mi Camino de Santiago.
No siempre es fácil, porque muchos refugios no te permiten dormir en ellos durante la mañana, después de la etapa, pero si tenéis oportunidad, os recomiendo probar a hacer una etapa nocturna. Ha de ser una noche de luna llena (o casi llena) y en Castilla, lejos de los bosques que oculten su tenue luz. No os arrepentiréis.
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UN INCRÉDULO EN EL CAMINO
Dicen que hay un antes y un después de hacer el Camino de Santiago. Seguramente es cierto para quien vaya con un espíritu predispuesto para dejarse influir por la magia que, sin duda alguna, tiene. Pocos habrá que hayan llevado la mejor actitud y la más noble intención que la mía.
¿Por qué entonces lo de incrédulo? Pues porque el “antes” era muy triste y el “después” fue la decepción; el “antes” era la esperanza y el “después” fue la deseperación. Luego lo explicaré.
¿Por qué “en el Camino”? Pues porque ¿en qué mejor lugar se puede estar para hablar,
suplicar y pedir a Dios por el ser más querido que tenías y que podías perder? ¿Qué mejor sitio que la belleza, el silencio y la soledad del Camino para que te oiga? Pues a
pesar de su “gran poder”, su “gran bondad” y su tan repetido”Pedid y se os dará, llamad
y se os abrirá”, todas las súplicas y oraciones fueron inútiles. Por lo visto, sólamente
se preocupa de contemplarse a sí mismo cual presumido Narciso, sentado en su trono de luz, cegado ante el dolor de los humanos. ¿Quién puede creer ante esta inutilidad?
Me encanta el Camino y pienso en volver de nuevo, pero ya con otro espíritu. Volveré
para gozar de la belleza,la libertad, la soledad y también de la convivencia con otros
peregrinos, pues la mayoría son amables, generosos y buenas personas.
Buen Camino a todos.
Bellas e intensas palabras, Félix.
PEQUEÑA RECTIFICACIÓN
Mi escrito anterior titulado “Un incrédulo en el Camino” no era un comentario al de ANCHA ES CASTILLA”, sino solamente expresar unos sentimientos y unas vivencias en este magnífico blog que es Expertos en el Camino.
Ahora sí voy a hacer pequeño comentario al mencionado ANCHA ES CASTILLA:
Estoy completamente de acuerdo con él y he disfrutado mucho leyéndolo. La belleza de
sus descripciones han conseguido que mi amor “¿se puede decir así?” por Castilla esté más que justificado (yo soy castellano).
Permíteme añadir una cosa más a dicho escrito: Si cuando caminabas de noche escuchando el silencio y contemplando estrellas hubieras escuchado también la Sonata Claro de luna o cualquiera de las piezas sacras de Palestrina o nuetro Tomás Luis de Victoria, el disfrute hubiera sido el “no va más”.
Saludos a todos os peregrinos.
PLANTEAMIENTO ÉTICO Y MORAL RESPECTO AL TRATO HACIA LOS PEREGRINOS
SANTIAGO Y ECUACIONES DE PRIMER GRADO
Los Parámetros:
Desde el mismo instante en que se produce el descubrimiento del la tumba del apóstol Santiago, se produce paralelamente a este hecho, una ecuación que contiene dos incógnitas: una, ¿si es Santiago de Compostela el lugar hasta el momento reconocido por el mundo cristiano, como el único y verdadero emplazamiento posible?; dos, ¿son realmente los restos óseos existente, los correspondientes al Santo?, como cristianos creemos y damos como incuestionables los hechos históricamente escritos y narrados por nuestros antepasado. A esta ecuación, hay que unir un tercer parámetro que modificara la misma, es nada más, ni nada menos, que la existencia espontanea de millones de “peregrino,” que en el tránsito hacia el Santo lugar a través de los siglos, con fe y creencia han ejercido de vasos comunicantes por todos los senderos y caminos de la tierra, caminando hacia Santiago con ilusión y regresando a sus respectivos lugares de partidas extendiendo y multiplicando la fe en el Santo Patrón.
Los dos parámetros primeros son esenciales y están intrínsecamente vinculados el uno con el otro, pero aun en la duda razonable de que estos parámetros no fueran apodícticos, queda un tercer parámetro real y fuera de toda duda, que es la creencia de millones de peregrinos que a través de los siglos siguen manteniendo viva entre nosotros, la presencia espiritual del Santo Patrón.
Valores conocidos:
La tumba del Apóstol.
Los restos del Apóstol.
Los sujetos Peregrinos.
Resultados:
Los dos primeros valores son constantemente hostigados y desprestigiados desde fuera de la Iglesia católica, bien por personas individuales o por grupos perfectamente organizados con interés oscuros o simplemente por hacer daño. Todo esto, lo podemos ver como algo razonable hasta cierto punto y más conociendo el carácter y proceder del ser humano.
Pero no que no se puede entender bajo ningún concepto, bien sea con la escusa del la seguridad, o la del aforo del templo, etc., es que, desde grupos, organizaciones o asociaciones afines a la Iglesia Católica o desde el propio interior de la misma, se estén muy sutil y solapadamente procediendo a la eliminación física del la figura del peregrino clásico de todos los tiempos, de esos caminante humildes que con su fe impoluta transitan por trochas, sendas y veredas, bajo temporales de lluvia, nieve o bajo el abrasador sol de la canícula vinariega, sin otro afán que el de llegar a Santiago, postrarse y abrazar la representación del Santo Patrón.
Pues bien, parece ser que estos gestos tan humilde que para el peregrinos son una gran recompensa y que se han realizados durante siglos, si algo o alguien no lo remedia, de ahora en adelante no podrá realizarse, porque algún o algunas cabezas pesantes como siempre ocurrió a través de la historia, va o van a cometer otro atentado contra iglesia o sea contra el creyente popular que es en definitiva, el pueblo llano.
¿Por qué escribo todo esto?, pues tratare de explicarme; según mis noticias y si estoy equivocado espero que alguien me aclare el equívoco, se reduce el aforo dentro de la catedral de Santiago a 1.500 personas por cuestiones de seguridad. ¿En que afecta esto a los peregrinos?, según mi humilde entender, como consecuencia de ello se formaran colas interminables para lograr el preciado privilegio de poder entrar.
¿Se han olvidado o quizás no?, que los peregrinos vienen andando y el albergue más cercano esta en el Monte del Gozo, otros vendrán desde lugares más alejados, tendrán que sellar la credencial, buscar alojamiento o en su lugar dejar la mochila depositada en algún lugar, claro esta previo pago, pues los peregrinos somos sospechosos de ser terroristas y así de paso engrosamos los bolsillos de algunos de los muchos oportunistas que están al acecho y caza del pobre peregrino, todo ello una odisea. Bien sigamos, cuando el peregrino haya terminado y proceda a incorporase a la cola en la cual estarán horas de pies, para intentar entrar comprobara que a muchos de ellos se les dará con las puertas en las narices, después de haber caminado incasablemente cientos de kilómetros, movidos por la fe y la esperanza de ver cumplido su sueño, entonces es cuando verán cual dura es la pura realidad.
Ahora viene lo más surrealista de toda esta triste historia, en la llamada “misa del peregrino” podrá darse el caso que cuando se proceda a la lectura de los peregrinos y sus lugares de procedencia llegados en el día de la lectura, será curioso y al mismo tiempo vergonzante poder observar la escasa o nula la presencia de los citados peregrinos por no haber podido entrar a la “misa celebrada para y en su nombre”.
No volvamos a los tiempos de Jesús, cuando haciendo su entrada en el templo de Jerusalén vio como se hacían tratos comerciales y expulsó de allí a los cambistas y a los vendedores de animales para los sacrificios rituales, auténticos adoradores del becerro de oro.
Señor arzobispo, representantes de la iglesia en Santiago y a sus acólitos los señores miembros de Cabildo supuestos servidores del pueblo de Dios, a estos les recuerdo algunos de sus fines, que constan en sus estatutos:
• Ofrecer una adecuada atención pastoral y litúrgica a los fieles.
• Promover el culto Jacobeo.
• Asumir la responsabilidad histórica de la Catedral: origen y culmen del “Camino de Santiago”.
• Acoger y alentar a los peregrinos.
Señores responsables del Cabildo, ¿cumplen ustedes con estos preceptos?, permítanme que lo dude y mucho.
¿Que solicitamos los peregrinos?
Poca cosa, dejarnos realizar nuestros ritos tradicionales, somos humilde incluso cuando nos tocan lo más sagrado, nuestra fe.
1ª.- Facilitar la entrada a la “Misa de peregrinos”, por la Puerta del Perdón en los años jacobeos a los peregrinos llegados en el día. (Sería una forma de acoger y alentar a los peregrinos).
2ª.- Oír la santa misa del Peregrino. (Sería una forma de promover el culto Jacobeo).
3ª.- Besar la imagen del Santo. Este gesto, es una norma impuesta en tiempos recientemente como alternativa a la tradicional y primitiva costumbre de abrazar al santo, la misma fue instituida por primera entre los años 1587-1602 por el arzobispo Don Juan de Sanclemente y Torquemada. (Sería una forma de fomentar y reafirmar la fe en el Santo Patrón).
4ª.- Postrarse ante la tumba del Santo. (Sería una forma de fomentar la espiritualidad interna de cada Peregrino).
5ª.- Permitir a los peregrinos “poner la mano en la columna parteluz del Pórtico de la Gloria”. (La columna de mármol representa la genealogía humana de Jesús. De la figura de José, brota un tallo, que crece y enreda a David, Salomón y al llegar a la Madre de Dios aparta sus ramas dejándola exenta. El capitel nos muestra la generación eterna de Cristo en cuanto Dios: El Padre le tiene en su regazo, y sobre ellos en forma de paloma el Espíritu Santo. Ese «tallo que brota, que crece y que enreda a David…» es lo que se conoce como el tronco de Jesé, de donde nace a través de María, Cristo y todo el pueblo cristiano.
Los peregrinos, al apoyar en él la mano y orar, están dando testimonio de su pertenencia al mismo pueblo cristiano ahora y desde hace siglos.)
¿Cómo se podría solucionar todo ello?
Tan fácil como facilitar a los peregrinos cuando lleguen a sellar la credencial, de facilitarles un número o pase para la entrada a la misa de peregrinos a celebrar en el mismo día, cerrado la entrega de los citados pases una o media hora antes de iniciarse la misma, estos lo harían por una fila única para peregrinos que viene andando. Que se lograría con ello, pues que gran parte de los peregrinos llegado ese día puedan asistir a la misa y al mismo tiempo evitar que los peregrinos que vienen cansados tengan que estar tanto tiempo de pie a la espera de entrar.
A parte de la participación litúrgica, desconozco que haya algo más henchido de significado cristiano para un peregrino penitente en Santiago que los viejos “ritos tradicionales”.
Se podrán poner todas la escusas materiales y económicas, que se quieran para negar estas simples y humildes peticiones, pero religiosa, humana y moralmente, no encuentro ninguna escusa para estas restricciones y negativas que de alguna forma podrían menoscabar la fe de los peregrinos.
Por todo lo expuesto anteriormente: rogaría al señor Arzobispo, al Cabildo, autoridades o personas con competencias en las respectivas actividades relativas con los peregrinos, tengan a bien, en poner un poco de su parte para atender tanto en lo espiritual, como en lo fisicamente corporal de los peregrinos.
PD
Esperemos no tener mencionar la famosa cita de “con la institución de la iglesia hemos topado.”