De puente a puente

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Puente la Reina

Puente la Reina

Decenas de puentes salvan ríos y arroyos a lo largo del Camino de Santiago. Los hay simples y de belleza sobria, como aquel formado por improvisadas losas que cruza un arroyo de aguas puras a las afueras de Melide; y los hay grandiosos y monumentales, como el de Puente la Reina y el de Puente de Órbigo. Todos ellos tienen algo en común: fueron tendidos para facilitar el paso de los peregrinos, que hasta su construcción debían vadear los ríos con ayuda de barcas de peaje.

El de Canfranc, en el Pirineo aragonés, tiene el honor de ser el primer puente con encanto que encuentran los peregrinos nada más entrar en España. Es uno de esos puentes de un sólo arco, con mucha pendiente y fuerte regusto románico. Otro similar aparece en pleno casco urbano de la bella Estella, la joya románica de Navarra. Poco antes, en Puente la Reina, el estilizado puente sobre el Arga es para muchos el más espectacular de la ruta. También románico, sus seis ojos son una de las fotos obligadas de la ruta.

Dejando atrás Navarra, las generosas tierras riojanas cuentan también con su puente famoso. Es el que cruza el río Oja, construido por uno de los máximos benefactores medievales del Camino de Santiago: Santo Domingo de la Calzada, el santo con nombre de camino. Nada menos que veinticuatro arcos para salvar un cauce por el que ahora apenas discurre un hilillo de agua.

En plena Castilla, a modo de frontera entre Burgos y Palencia, el Puente Fitero es otra parada obligada, y más teniendo en cuenta que la chopera que se extiende a sus pies es ideal para echar una siesta a la orilla del río. Quienes se relajen en exceso y no puedan continuar la marcha, pueden hacer noche en el original refugio de San Nicolás. Situado en una de sus orillas, el pequeño edificio de piedra es una antigua ermita reconvertida en albergue para un puñado de peregrinos. Seis o siete, no más.

Bastantes jornadas después, el Puente de Órbigo, conocido por una leyenda medieval como Passo Honroso, es una parada obligada. Su  arquitectura es extraordinaria y su historia aún más. Cuentan que un quijosteco caballero retó a trescientos hombres armados llegados de toda Europa a un duelo sobre el puente. Y todo por demostrar su amor a una dama de la que estaba perdidamente enamorado. Y ganó, claro.

Después llegan las verdes colinas de Galicia, surcadas por un sinfín de arroyos. Decenas de puentes, algunos rudimentarios y otros elaborados, abren paso a los peregrinos, que guardan en su recuerdo uno muy especial: las losas alineadas por algún vecino a modo de puente improvisado en los bosques de las afueras de Melide. Toda una lección de arquitectura respetuosa con el medio ambiente.

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Un comentario to “De puente a puente”

  1. R.Chao dice:

    Hablas de Castilla y de Galicia, pero Puente de Órbigo está en León y no lo mencionas. De todas formas, una buena entrada.