Regalos en el Camino

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Boletus en el Camino gallego

El viento sur de los últimos días no ayuda, pero las lluvias que ya comienzan a caer por toda España son perfectas para que comiencen a brotar. Sí, las setas son las grandes protagonistas del bosque otoñal. Hay que entender para no envenenarse y poderlas comer, pero no es necesario saber nada sobre las setas para disfrutarlas en el bosque. La estampa de sus formas y sus colores, escondidas entre la hojarasca de los hayedos es fantástica. Entre Roncesvalles y Compostela hay un sinfín de bosques y rincones donde las setas brotan por doquier. Sin olvidar que por muy buen aspecto que tengan pueden ser mortales, vamos a su caza, al menos fotográficamente. Y ya que nos ponemos, recogeremos otros muchos regalos que el Camino nos tiene preparados para esta temporada otoñal.

Los hayedos del norte de Navarra son famosos por sus boletus, un tipo de hongo regordete que resulta suculento en el plato. Los aficionados a la micología inundan valles y montañas, hasta el punto de que su recolección ha sido regulada y acotada en muchos casos. Sin salir de Navarra, entre Viana y Logroño, no es raro ver rebuscando a cazadores de setas entre los arbustos. Buscan níscalos -rovellones para los catalanes- la especie más querida en Cataluña pero apenas apreciada en otras comunidades.

La Rioja tiene sus buenas zonas seteras, como la sierra de la Demanda, pero en el Camino no hay grandes bosques sino campos de cultivo. Es aquí donde crece la seta de cardo, muy parecida a la que se vende cultivada. Crece en las campas o a la orilla del Camino, siempre cerca de algún cardo de esos que pinchan si los quieres coger. En tierras castellanas estamos en las mismas. Setas de cardo y senderuelas son las más buscadas por los vecinos de la zona, aunque también abundan los champiñones silvestres y los parasoles, una seta enorme que parece una sombrilla. Cruda es ligeramente tóxica, pero bien cocinada es una delicia que más parece un bistec que un champiñón. Pero en Castilla pasamos también por algunos bosques. Los pinares y robledales de los Montes de Oca, por ejemplo, son ideales tanto para los níscalos como para los boletus. Y las choperas que pueblan las orillas de los ríos son magníficas para encontrar setas de chopo, que siempre crecen agrupadas en racimos vistosos.

Galicia es de nuevo tierra de hongos, como Navarra. Sus robledales esconden fantásticos boletus, carboneras y chantarelas, esas pequeñas setas amarillas de forma atrompetada y gran sabor para las salsas. Luego llegan los eucaliptales y la cosa cambia, porque apenas se encuentran en ellos algunas especies muy resistentes.

Pero como os decía al comienzo, no todo son setas. Estos días de viento sur han caído de los árboles, especialmente en Navarra, miles de nueces. Nueces deliciosas, aún frescas, que tapizan los caminos del viejo reino. También en Navarra, pero sobre todo en el Bierzo y Galicia, las castañas comienzan ahora a caer y seguirán haciéndolo hasta bien entrado noviembre. Son riquísimas recien caídas del árbol y además son muy nutritivas. Manzanas reinetas y de sidra abundan ahora a las orillas de los caminos asturianos y gallegos. Si estáis por Asturias podréis ver en directo la elaboración de la buena sidra de aquella tierra. Y probarla, claro.

Y no olvidemos que estamos de lleno en tiempo de vendimia. El Camino atraviesa enormes plantaciones de vid. No os animaremos desde aquí a arrancar uvas por vuestra cuenta, pero siempre podéis pedir un racimo a alguno de los payeses y vendimiadores que deambulan por los campos por estas fechas.

Así da gusto, ¿verdad?. Un Camino lleno de sorpresas y de delicias para ir picando y reponiendo energías.

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