Archivos de enero, 2010

Si llueve, compra un periódico

Sábado, enero 30th, 2010

Sí, si llueve lo mejor que puedes hacer es comprar un periódico. Y no se trata de pasarse el día encerrado en el refugio leyendo las noticias, sino de aprovechar sus hojas para secar las botas. Pocas cosas hay más engorrosas que despertarse por la mañana y tener que ponerse las botas mojadas porque la etapa anterior ha estado pasada por agua. Obviamente, con unas buenas Chiruca con Gore Tex no tendríamos este problema, pero por si tenemos que enfrentarnos a él algún día, conviene recordar la máxima Si llueve, compra un periódico.

He probado mil inventos para secar las botas, pero nada como las hojas de periódico. Las arrancas, las conviertes en una bola y las metes a presión en la bota. Tampoco hace falta que explote la bota, es suficiente con ocho o nueve hojas en cada una. Las dejas así durante toda la noche y al día siguiente al ponértelas, las botas estarán tan secas como si nunca les hubiera llovido encima.

Este sistema de secado es tan popular en el Camino que seguramente no tendrás que llegar a comprar el periódico, pues muchos albergues guardan los periódicos viejos para el secado de las botas.

¡Buen Camino y no camines con los pies mojados, o el resfriado estará asegurado!

El peregrino oficial

Miércoles, enero 27th, 2010

Desde que el primer peregrino recorrió hace más de mil años el Camino de Santiago ha existido la picaresca. Buscavidas de toda índole en forma de hospitaleros, peregrinos, comerciantes, guías o incluso párrocos. La mayoría no hacen daño a nadie -tal vez sea esa la diferencia entre pícaro y maleante- y se dedican únicamente a vivir de lo que pueda darles la ruta. Una comida gratis aquí, un regalo allá… Otros simplemente buscan fama, ser reconocidos como el peregrino oficial o algo así.

Zapatones, el peregrino de Fraga

Zapatones, el peregrino de Fraga

Uno de estos personajes nos lo encontramos al llegar a la compostelana plaza del Obradoiro. Su atuendo, el habitual de los peregrinos medievales, con su capa, su sombrero de fieltro y su bordón no dejan lugar a dudas. Suele estar allí plantado, como si fuera uno de esos romanos recién salidos de un cuento de Asterix que posan junto al Coliseo de Roma en busca de alguna propina. Pero Zapatones no busca propina. Él se conforma con contar a quienes llegan a Santiago rocambolescas historias en las que se convierte en una suerte de “peregrino oficial”.

-Yo soy el peregrino de Fraga -decía cuando aquel aún era presidente de la Xunta-. Como Fraga no puede inspeccionar todo el Camino, me envía a mí para comprobar que todo esta bien.

Y se quedaba tan ancho. Lo peor de todo es que cuando tras un mes de caminata diaria llegas a Santiago te lo crees todo, así que volvías a tu casa convencido de que aquel tipo era realmente el peregrino de Fraga. Hace tiempo que no hablo con él. Cuando estoy por Santiago y me lo cruzo hago como que no lo veo, pero él sigue allí, siempre con grupos de peregrinos recien llegados a quienes lleva a su bar preferido, que curiosamente suele cambiar cada poco tiempo.

Con idéntico atuendo pero una barba infinítamente más larga, Marcelino Lobato es otro de esos curiosos personajes que han surgido de la ruta. Con una credencial que, como si de un rollo de papel higiénico se tratara, mide varios metros, Marcelino se dedica a recorrer el Camino de forma incansable. Aparece en periódicos de toda España, asiste a la ceremonia de apertura del año Jacobeo con las autoridades y da conferencias como peregrino experto que es. Como famoso que se precie suele llevar fotos suyas para regalar. Aún guardo una en blanco y negro en la que aparece junto con una paloma blanca. Por si fuera poco, lleva siempre encima un sello y un bote de tinta para estamparlo en las credenciales de los peregrinos que se encuentra en el camino. Genio y figura.

Me cuentan que en los últimos tiempos, cuando Marcelino se cansa de caminar, pasa los días en su “oficina”, una sencilla marquesina de madera en las afueras de Logroño donde espera a los peregrinos, a quienes regala un rato de su amena charla, algo de fruta e incluso algún que otro bordón.

Y no me cabe duda de que lo agradeces, porque el Camino está hecho de pequeños detalles como estos, que lo convierten en una ruta mágica incomparable con ningún otro recorrido del mundo. Además, ¿qué sería del Camino sin estos entrañables pícaros modernos?

La credencial jacobea

Domingo, enero 24th, 2010
Credencial del peregrino

Credencial del peregrino

A la hora de ponerse en camino hacia Compostela, no hay que olvidar en la mochila la credencial del peregrino, una especie de pasaporte indispensable para hacer el Camino. Bueno, en realidad es sólo indispensable para pernoctar en los refugios y para obtener la Compostela, el certificado que acredita que hemos realizado la ruta jacobea.

Como si de un pasaporte se tratara, a lo largo del Camino la credencial se va llenando de sellos de los diferentes refugios y albergues en los que dormimos. Cada sello con su fecha respectiva y la firma del hospitalero que nos ha atendido. Hay también quienes se dedican a pedir su sello a todos los establecimientos donde comen, toman una cerveza o compran víveres para un picnic. Como una colección, vaya. Pero en realidad, con un sello por día, a ser posible del lugar donde pernoctamos, es más que suficiente.

Conseguir la credencial no es complicado, no hay más que acercarse a la asociación de amigos del Camino de Santiago más cercana a nuestro domicilio. Su entrega se suele complementar con una charla que dura diez o quince minutos donde se explican las normas básicas para utilizar los refugios y algunos consejos más.

Hay muchas asociaciones; tantas como provincias o incluso alguna más. Pero si andamos justos de tiempo y no podemos pasar por la asociación de nuestra ciudad, siempre nos queda la opción de conseguir la credencial al inicio de la peregrinación. Lugares emblemáticos como Saint-Jean-Pied-de-Port y Roncesvalles cuentan con su propia oficina de la peregrinación para realizar el trámite de la entrega.
A la hora de sellarla, conviene tener especial cuidado durante los últimos días de la ruta, ya que a la hora de certificar la peregrinación, debemos acreditar que hemos realizado los últimos cien kilómetros a pie o los últimos doscientos si lo hacemos en bici. Sólo así nos entregarán la Compostela, con nuestro nombre traducido al latín, que es algo que siempre hace ilusión.

Puedes consultar el listado de las asociaciones jacobeas con sus respectivas direcciones en el siguiente link:

Asociaciones

De ejecutivo a hospitalero

Viernes, enero 22nd, 2010

Resti, con barba blanca, rodeado de peregrinos

¿Os imagináis dejar un cargo como gestor de la publicidad en el Real Madrid y abandonar una ajetreada vida en la capital para retiraros como hospitalero en un pueblo pequeño del Camino? Pues eso es exactamente lo que hizo Restituto Gutierrez, Resti, uno de los hospitaleros más carismáticos del Camino. Con 53 años hizo el Camino “forzado” por una alianza publicitaria del Xacobeo con el Real Madrid. Etapa tras etapa fue descubriendo la magia del Camino y llegó a sorprenderse de que hubiera personas que dedicaran su tiempo altruistamente a atender a los demás. Cuando volvió a Madrid algó había cambiado en él y sintió que su vida debía pegar un cambio radical. (más…)

Cuando cantó la gallina después de asada

Jueves, enero 21st, 2010
Un gallinero en la catedral

Un gallinero en la catedral

La ruta jacobea está salpicada de leyendas. No hay pueblo que no tenga la suya propia. Pero algunas han transcendido a lo largo de los siglos y han llegado con fuerza hasta nuestros días, convertidas en historias inseparables del propio Camino. No es difícil imaginarse a los peregrinos medievales escuchando atentamente junto al fuego historias y leyendas de boca de posaderos, frailes o juglares. En un tiempo en que no existía la televisión, la luz eléctrica ni otras comodidades modernas, las largas noches de invierno se convertían fácilmente en infinitas tertulias al abrigo del frío exterior.

Una de las más populares tuvo como escenario Santo Domingo de la Calzada, la localidad riojana nacida para dar acogida a los peregrinos. Fue allí donde en el siglo XIV pernoctaron un matrimonio alemán con su hijo Hugonell. A sus 18 años debía de ser muy apuesto, porque la posadera se enamoró locamente de él. Tanto que al no ver correspondido su amor, escondió una copa de plata en el zurrón del pobre muchacho.

Al día siguiente, Hugonell abandonaba el pueblo con sus padres cuando los guardias, avisados por la joven, le dieron el alto. Registraron su zurrón y al encontrarlo culpable de robo lo condenaron a muerte.

Los padres imploraron ayuda al apostol Santiago, pero la ejecución se llevó a cabo según lo previsto. Sin embargo, al acercarse a la horca para despedirse de su hijo, oyeron su voz diciéndoles que estaba vivo gracias al apostol.

Felices, fueron a ver al Corregidor, al que encontraron en plena comida. El hombre se burló de ellos:

-Vuestro hijo está tan vivo como el gallo y la gallina que me estoy comiendo.

En ese preciso instante, los animales saltaron del plato y se pusieron a cantar.

Desde entonces, un gallo y una gallina viven durante todo el año en la nave principal de la catedral de Santo Domingo de la Calzada. Y desde entonces también uno de los dichos más populares del Camino Francés reza así:

SANTO DOMINGO DE LA CALZADA, DONDE CANTÓ LA GALLINA DESPUÉS DE ASADA.

El Camino del Invierno

Martes, enero 19th, 2010

Fascinante Ribeira Sacra

Todavía no es invierno, aún quedan meses para que se nos presente en toda su crudeza, pero las heladas nocturnas ya están aquí. Las hemos sufrido hoy por primera vez en gran parte del interior de la península. Cualquier día caerán las primeras nevadas. Esas que duran apenas unas horas en las calles, pero que hacen intransitable el Camino en sus puntos más altos. Para evitar las alturas de Cebreiro y el Poio, nació una variante no menos atractiva: el Camino del Invierno, una variante que nace en Ponferrada y discurre más al sur, por el fondo del valle. Vamos a indagar un poco en su pintoresco recorrido.

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El último templario

Lunes, enero 18th, 2010
Manjarín, refugio templario   (Foto: _guu_)

Manjarín, refugio templario (Foto: _guu_)

Pasas las ruinas de Foncebadón y la subida se agudiza. Media hora después, la Cruz de Ferro destaca junto al camino. El monte Irago, cumbre totémica de los Montes de León desde tiempos de los romanos, domina la panorámica. Si buscas con la vista en el fondo de los valles boscosos, intuyes varias aldeas de piedra, abandonadas como Foncebadón. La carretera comienza a descender suavemente. Un par de curvas más allá el tañido de una campana cercana rompe el silencio. Miras a un lado y a otro y no ves iglesia alguna. Parece cosa de magia.

Pero enseguida lo ves. Casi oculto entre la argoma, el despoblado de Manjarín aparece junto a la poco transitada carretera. La campana sigue sonando. Un hombre de barba corta te saluda con una mano mientras tira de la cuerda de la campana con la otra. Una cruz octógona roja destaca en su túnica blanca, igual que lo hace en una bandera que ondea sobre un mástil rudimentario.

Es Tomás, Tomás el Templario. Hace muchos años que dejó su vida en la gran ciudad y se vino a las ruinas de Manjarín para vivir y atender a los peregrinos. Te invita a un café o a un trago de agua de la fuente del pueblo y te cuenta extrañas historias de templarios (al parecer hay más como él) y de energías telúricas que surcan los Montes de León. Muchos peregrinos, atraídos por una atmósfera tan especial, deciden hacer noche en Manjarín. Y no son pocos los que se quedan más de una noche disfrutando de la soledad del pueblo abandonado y de la extravagante conversación con Tomás.

El refugio, como todo en Manjarín, es precario. No tiene electricidad ni ningún tipo de comodidad moderna. Apenas cuatro paredes de piedra y madera y unas tejavanas de plástico. Pero es quizás eso, y los extraños rituales que realiza Tomás con su espada templaria, lo que atrae a quienes deciden quedarse en Manjarín.

Sea como fuera, este peculiar castillo templario es una parada obligada en la ruta, aunque sólo sea para echar un trago de agua, acuñar el sello de Tomás en la credencial y descansar tras la larga subida al puerto. Después sólo queda bajar al Bierzo. Es un descenso largo, de varias horas, donde los tobillos agradecen unas buenas chiruca para evitar torceduras que pueden acabar arruinando tontamente el Camino de cualquiera.

El cocido de las tierras maragatas

Viernes, enero 15th, 2010

Allá donde las amplias llanuras de Tierra de Campos comienzan a fundirse con las montañas que abren el camino a Galicia, aparece la Maragatería. No es una comarca grande; no tardas más de un día en atravesarla de este a oeste. Pero es un lugar singular, de caminos rojizos y pueblos hechos a base de cantos rodados. Allí el paisaje se torna diferente. Un día antes, de camino a Astorga, el cereal lo ocupa todo; y un día después, en tierras del Bierzo, las huertas y los bosques húmedos se adueñan del paisaje. La Maragatería no es ni lo uno ni lo otro, es un territorio árido, cubierto de pequeños arbustos. Hay quienes dicen incluso que se parece al far west de las películas. Y no creo que les falte razón.

Es aquí, en estas tierras, donde se puede degustar una de las especialidades gastronómicas más curiosas del Camino. El cocido maragato, un potentísimo cocido a base de sopa, garbanzos y siete carnes, estaba destinado antiguamente a servir de comida única para los campesinos que se pasaban el día trabajando en el campo. Aunque a simple vista sus ingredientes, e incluso su nombre, no parecen muy diferentes de los del tradicional cocido madrileño o castellano, el maragato es mucho más original.

Cocido Maragato   (Foto: turisleon)

Su gracia principal consiste en que se comienza por la carne. Dicen los que saben de cocinarlo que no debe faltar el chorizo de fiesta, el morro de cerdo, la oreja, la paletilla, unos huesos de sustancia, gallina, tocino, morcillo de vaca ni un trozo de cecina. Todo bien potente vaya.

Después se sirven los garbanzos. Han de ser cultivados en la propia Maragatería, de esos que prácticamente se deshacen en la boca.

Y por último, la sopa. Pero no una sopa cualquiera, sino una tan densa como para que un tenedor se mantenga de pie sobre ella.

¿Contundente, no?

Pues aún falta el postre: en la Maragatería preparan unas natillas deliciosas, que se sirven con un trozo de esponjoso bizcocho.

Y como no podía ser de otra manera, el nacimiento de un plato tan original tiene una explicación casi de leyenda. Por lo visto, fue durante la guerra contra la ocupación francesa de comienzos del siglo XIX cuando se estableció el original orden de la comida. Los franceses  tenían la mala costumbre de atacar a la hora de comer, de modo que los maragatos decidieron comenzar siempre por la carne para no tener que marchar a medio comer dejando en el plato la mejor parte. De sobrar, que fuera la sopa la que sobrara.

Es fácil dar con un restaurante para darse un homenaje a base de cocido. Abundan en Astorga, capital de las tierras maragatas, y en Castrillo de los Polvazares. Pero no hagáis planes para continuar el Camino por la tarde, porque no hay cocido maragato que se digiera sin una siesta de varias horas.

¡Buen provecho!

El bordón del peregrino

Martes, enero 12th, 2010

Peregrina oriental con bordón   (Foto: Juanra)

De avellano, de castaño, o de algún otro tipo de árbol de los frondosos bosques de Navarra, el bordón del peregrino ha sido desde siempre compañero inseparable del caminante hacia Compostela. Su imagen, con la calabaza colgando, era habitual del peregrino medieval. En nuestros días, la cantimplora o la simple botella de agua han tomado el testigo a la calabaza.

El bordón, sin embargo, aún acompaña los pasos de los peregrinos del siglo XXI hasta Compostela. Es cierto que en los últimos años son muchos quienes se han pasado a los bastones extensibles que se pueden comprar en las tiendas de deportes. Los he probado y me gustan para pequeñas travesías de montaña, para paseos abruptos donde necesitas un punto de apoyo, pero para el Camino nada como el bordón tradicional. Lo que más me gusta de ellos es su altura. Deben medir al menos un par de palmos más que el peregrino. De ese modo puedes sujetarlo mucho más arriba que un bastón extensible, logrando una postura erguida. La espalda sufre mucho menos al no ir encorvada bajo el peso de la mochila.  Además, el cálido tacto de la madera no es comparable al plástico de los bastones extensibles; y son muchas horas cada día con el bordón en la mano. ¿Y qué me decís del rítmico sonido del bordón en el suelo del camino?

Hay varias formas para hacerse con un buen bordón. La primera es adentrarte en el bosque y hacerte con uno. La segunda es comprarlo en las muchas tiendas que lo venden a lo largo de la ruta. Y la tercera, la más entrañable, la más auténtica, es pasar a saludar a Pablito, Pablito de Azqueta, Pablito el de las varas.

El tramo navarro del Camino no podría entenderse sin la presencia de este hombre que pasa de los setenta años y que espera en el campo o junto a su casa de Azqueta -siete kilómetros después de Estella- a que pasen los caminantes. Te saluda, te invita a pasar a su casa a tomar un café y te regala una vara. Una a tu medida. Él sabe. Prueba con una y con otra hasta dar con la que mejor vaya con tu altura y constitución. Con Pablito nunca se sabe cuándo seguirás hacia Monjardín. Con él la conversación es agradable y se puede alargar durante horas. Recuerdo la primera vez que pasé por su casa, cuando yo no sabía siquiera que aquel hombre existía. Eran las ocho de la mañana de un día de primeros de julio. Al verme pasar, salió corriendo:

-Corre, pasa, que está a punto de empezar el encierro de San Fermín.

Estuvimos allí viendo correr a los toros detrás de los mozos. Un café, otro y otro más. Charlamos de todo, de la vida, del Camino, del tiempo y de los campos. Y salí de allí contento, con aquel bordón que llegó conmigo a la tumba del apostol y que arrojé al mar en Finisterre.

Como a mí, Pablito atiende cada año a miles de peregrinos. Según sus cálculos, ha entregado ya más de 25.000 varas. Él mismo se ocupa de cortarlas en los bosques de Belate, aunque ahora, por eso de la edad, recurre a sus sobrinos para que le echen una mano. Elige las mejores varas de avellano, una madera flexible y recia al mismo tiempo. A cambio, no pide nada, pero por el cariño con el que enseña las postales y fotos que le envían los caminantes, se adivina que agradece una postal al llegar a Compostela.

Yo se la envié. Gracias a su bordón mi Camino fue un poco más fácil y gracias a él, a su café y a su conversación, aquel día de julio quedará grabado para siempre en mi memoria. ¡Gracias Pablito!

Adios al Parral

Sábado, enero 9th, 2010
Camino de Santiago   (Foto: FreeCat)

Camino de Santiago (Foto: FreeCat)

Durante muchos, muchísimos años, los peregrinos que llegábamos a Burgos dormíamos en el rudimentario refugio del Parral. Era algo así como una casita de campo, de esas prefabricadas en madera, colocada en uno de los parques más populares de la ciudad. Siempre parecía algo provisional. Veías aquel edificio de madera, apoyado en unos bloques de hormigón para aislarlo del suelo, y pensabas “El año que viene ya no estará”. De hecho, los hospitaleros siempre comentaban que se pretendía construir un nuevo albergue en el centro de la ciudad. Sin embargo, volvías un año después y el refugio del Parral seguía allí. Estaba lejos del centro, en plena salida de la ciudad, y el barrio no era el más recomendable, porque a veces se producían robos.

Han tenido que pasar muchos años. El Parral funcionaba desde el Xacobeo 93 y hasta 2008 constituyó el principal albergue de la ciudad. Todos comentábamos que era triste que una ciudad nacida al amparo de la ruta jacobea, le diera la espalda al Camino de una manera tan flagrante. Ahora ya no es así. El albergue de la Casa del Cubo, inaugurado en verano de 2008, es uno de los mejores del Camino Francés. Su situación, detrás de la catedral, es inmejorable. Está abierto todo el año, cuenta con 145 plazas en literas, agua caliente, lavaderos y otros muchos extras. Aunque lo mejor de todo, como siempre, es que está atendido por hospitaleros voluntarios que se desviven por ayudar en todo lo posible a los peregrinos. Y la pernocta sólo cuesta 3€.

Pero os voy a confesar algo. Y estoy seguro que muchos estaréis de acuerdo conmigo. Echo de menos el viejo refugio del Parral. Sí, tantos años quejándonos y ahora nos acordamos de sus muchas virtudes. Y es que después de la dura entrada en Burgos, que obliga a recorrer largos kilómetros entre polígonos industriales, el Parral resultaba relajante. Dormir allí, entre los árboles centenarios, era como estar en la montaña, lejos del ajetreo de la gran ciudad. Sus mesas de picnic a la sombra de los plátanos invitaban a la charla relajada mientras veías cómo el viento mecía las ropas tendidas entre los troncos.

Pero lo mejor de todo era una persona, un personaje que vivió sus últimos años compartiendo el desayuno con los peregrinos. Jesús, al que llamábamos el Parralero, tenía su casa junto al refugio. Era la casa del guarda del parque. Estaba jubilado, pero cada mañana abría el portón de su granero para ofrecer desayuno a los peregrinos. Una enorme olla con café con leche humeante presidía aquella estancia forrada de fotos que le enviaban los peregrinos. Alrededor, en mesas cubiertas con viejos manteles de hule, había mantequilla, mermelada y montañas de pan tostado.

Jesús era un cascarrabias. Pero un cascarrabias simpático, entrañable y que se hacía querer. Todo un personaje del Camino que disfrutaba especialmente en invierno, cuando no había hospitaleros y se ocupaba personalmente de abrir y cerrar el refugio. Él se quejaba, le gustaba quejarse, pero lo hacía siempre con la sonrisa en la boca y dispuesto a echar una mano. Se pasaba las horas contando historias, escuchando y sólo se enfadaba cuando a alguien se le ocurría ir a molestarle a la hora de la siesta, cuando estaba viendo los documentales de la 2.

Murió allá por el año 2000 y con él se fue lo mejor del Parral. El viejo refugio prefabricado, aún sobrevivió unos cuantos años más, demasiados si tenemos en cuenta las demandas de los peregrinos. Hoy, dejando aparte las nostalgias y gracias a la Casa del Cubo, Burgos recibe al peregrino como se merece. Esperemos que otras ciudades jacobeas sigan el mismo ejemplo.