Fuentes de agua, fuentes de vino

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No creo que haya un solo pueblo en todo el Camino de Santiago donde no haya fuentes donde saciar la sed del caminante. Fuentes de todo tipo. Fuentes normales, de esas modernas en las que aprietas un botón y mana agua reparadora durante unos instantes para luego pararse; fuentes antiguas, con agua de manantial y chorro potente y constante, como las de Hontanas (el pueblo de las fuentes-Fontantas) en Burgos; fuentes de agua de pozo, como la de Boadilla del Camino, en Palencia, donde una rueda de carro bombea agua fresquísima; fuentes decorativas, como las de Santiago de Compostela, donde el agua potable brota de elegantes figuras de granito…

Pero hay dos fuentes que recuerdo como únicas, como especiales. Ambas están en Navarra. Casualmente en una misma etapa natural del Camino, a escasos cinco kilómetros una de la otra: la fuente de los Moros y la fuente del Vino.

Fuente de los Moros, al fondo Monjardín

La de los Moros, situada al pie del Monjardín, una curiosa montaña cónica coronada por un castillo defensivo, es un magnífico aljibe gótico, una de esas fuentes medievales en las que el agua brota por debajo del nivel del terreno y a la que baja una cuidada escalinata. Existen otras similares en el Camino, pero siempre en ciudades y pueblos. La de los Moros está en medio de los campos de cultivo, entre viñedos de buen vino. Es una fuente concebida para los peregrinos allá donde estaba el manantial, el pie mismo de la ruta jacobea. Sus formas góticas, el frescor de su interior, el agua cristalina que cubre el fondo del aljibe… todo convierte la fuente de los Moros en un recuerdo imborrable.

Aljibe de los Moros   (Foto: Luis Echanove)

Aljibe de los Moros (Foto: Luis Echanove)

Pocos kilómetros antes, con el Monjardín a tiro de piedra, pero al pie del Montejurra, el monasterio de Iratxe, antigua universidad monacal y joya del románico, esconde otra fuente fascinante: la del Vino.

Fuente del Vino  (Foto: FreeCat)

Fuente del Vino (Foto: FreeCat)

Siempre se ha dicho que de pan y vino se hace el Camino, y es que el embriagador caldo de la uva saciaba la sed y las penas de los caminantes medievales. Era tradición ofrecer vino a los peregrinos, especialmente en conventos y monasterios. Hoy, las bodegas Irache, situadas enplena ruta jacobea, han querido perpetuar la tradición instalando una fuente que mana vino.

Se trata de un vino ligero, del año, de esos que al servirse -y más con la fuerza de la fuente- dejan una espumilla en el vaso. Una placa junto al caño invita a no abusar, porque como todo lo gratis, el vino de Irache causa furor entre los turistas:

“A beber sin abusar,

te invitamos con agrado.

Para poderlo llevar,

el vino ha de ser comprado”.

Ambas fuentes, la de los Moros y la del Vino, se convierten por derecho propio en las grandes protagonistas de la etapa Estella-Villamayor de Monjardín, donde los bosques de Navarra se funden con las colinas cubiertas de viñedos en un anticipo de las tierras riojanas. Otras fuentes esperan allí, como la medieval de Logroño y la de la plaza mayor de Santo Domingo de la Calzada, pero ninguna con el encanto que, al menos para mí, tienen estos dos caños que se graban en la memoria de todos aquellos que algún día peregrinan a Compostela.

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