El crudo invierno

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Roncesvalles en invierno

Ayer estuve en Roncesvalles. Hacía frío, mucho frío, el termómetro estaba en negativo a mediodía. La nieve, que hoy me cuentan que ya ha cubierto totalmente la zona, se hacía de rogar. “Demasiado frío para que nieve” decía uno por allí. En el albergue, los peregrinos se podían contar con los dedos de una mano y todos hablaban de lo mismo: el frío glacial que habían pasado en el paso de Bentartea, donde el Camino de Santiago tiene su techo y donde parece que el cielo puede tocarse con sólo estirar el brazo.

Y es que estas fechas son las más duras para hacer la ruta jacobea. Sólo lo intenté una vez, pero antes de llegar a Burgos ya me había subido en un tren que me llevara de vuelta a casa.

Al frío que se pasa durante las etapas se suma la soledad extrema. No hay otros peregrinos con quienes compartir las horas de caminata ni las largas tardes de descanso. No hay pastores ni agricultores en los campos, con lo agradable que resulta hacer un alto en el camino para charlar un rato con ellos, o compartir un almuerzo, o pedirles un trago de agua. No hay casi gente en los pueblos pequeños de Castilla, donde muchos emigran temporalmente a la ciudad en busca de inviernos más confortables. En resumen, no hay nadie.

Collado de Lepoeder

Pero la soledad y el frío no son los únicos enemigos del peregrino invernal. Muchos albergues echan la persiana en los meses más fríos y a veces es necesario caminar más kilómetros de los habituales para poder pernoctar en condiciones. Las infraestructuras también se vuelven más precarias, hasta el punto de que llega a ser difícil encontrar algo tan simple como oficinas de información turística abiertas fuera de los núcleos urbanos más grandes.

Por no hablar del peso de la mochila, que se llena rápido con abrigos, sacos de dormir y ropas que proporcionen calor. Vamos, que quien se anime a echarse ahora al Camino debe tener en cuenta que las dificultades propias de la peregrinación se multiplican. Aunque dicen los que han conseguido llegar a Compostela en lo más crudo del invierno que lo que también se multiplica es la satisfacción que se siente al entrar a la plaza del Obradoiro y ver la catedral. Seguro que será así.

¡Buen Camino y mucho ánimo, peregrinos invernales!

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