Archivos de diciembre, 2009

Fuentes de agua, fuentes de vino

Miércoles, diciembre 30th, 2009

No creo que haya un solo pueblo en todo el Camino de Santiago donde no haya fuentes donde saciar la sed del caminante. Fuentes de todo tipo. Fuentes normales, de esas modernas en las que aprietas un botón y mana agua reparadora durante unos instantes para luego pararse; fuentes antiguas, con agua de manantial y chorro potente y constante, como las de Hontanas (el pueblo de las fuentes-Fontantas) en Burgos; fuentes de agua de pozo, como la de Boadilla del Camino, en Palencia, donde una rueda de carro bombea agua fresquísima; fuentes decorativas, como las de Santiago de Compostela, donde el agua potable brota de elegantes figuras de granito…

Pero hay dos fuentes que recuerdo como únicas, como especiales. Ambas están en Navarra. Casualmente en una misma etapa natural del Camino, a escasos cinco kilómetros una de la otra: la fuente de los Moros y la fuente del Vino.

Fuente de los Moros, al fondo Monjardín

La de los Moros, situada al pie del Monjardín, una curiosa montaña cónica coronada por un castillo defensivo, es un magnífico aljibe gótico, una de esas fuentes medievales en las que el agua brota por debajo del nivel del terreno y a la que baja una cuidada escalinata. Existen otras similares en el Camino, pero siempre en ciudades y pueblos. La de los Moros está en medio de los campos de cultivo, entre viñedos de buen vino. Es una fuente concebida para los peregrinos allá donde estaba el manantial, el pie mismo de la ruta jacobea. Sus formas góticas, el frescor de su interior, el agua cristalina que cubre el fondo del aljibe… todo convierte la fuente de los Moros en un recuerdo imborrable.

Aljibe de los Moros   (Foto: Luis Echanove)

Aljibe de los Moros (Foto: Luis Echanove)

Pocos kilómetros antes, con el Monjardín a tiro de piedra, pero al pie del Montejurra, el monasterio de Iratxe, antigua universidad monacal y joya del románico, esconde otra fuente fascinante: la del Vino.

Fuente del Vino  (Foto: FreeCat)

Fuente del Vino (Foto: FreeCat)

Siempre se ha dicho que de pan y vino se hace el Camino, y es que el embriagador caldo de la uva saciaba la sed y las penas de los caminantes medievales. Era tradición ofrecer vino a los peregrinos, especialmente en conventos y monasterios. Hoy, las bodegas Irache, situadas enplena ruta jacobea, han querido perpetuar la tradición instalando una fuente que mana vino.

Se trata de un vino ligero, del año, de esos que al servirse -y más con la fuerza de la fuente- dejan una espumilla en el vaso. Una placa junto al caño invita a no abusar, porque como todo lo gratis, el vino de Irache causa furor entre los turistas:

“A beber sin abusar,

te invitamos con agrado.

Para poderlo llevar,

el vino ha de ser comprado”.

Ambas fuentes, la de los Moros y la del Vino, se convierten por derecho propio en las grandes protagonistas de la etapa Estella-Villamayor de Monjardín, donde los bosques de Navarra se funden con las colinas cubiertas de viñedos en un anticipo de las tierras riojanas. Otras fuentes esperan allí, como la medieval de Logroño y la de la plaza mayor de Santo Domingo de la Calzada, pero ninguna con el encanto que, al menos para mí, tienen estos dos caños que se graban en la memoria de todos aquellos que algún día peregrinan a Compostela.

La flecha amarilla

Domingo, diciembre 27th, 2009

flecha amarilla

Cuando llegas por primera vez al Camino vas cargado de guías y de incertidumbre. ¿Cómo sabré cuál es el camino a tomar? ¿Cómo me orientaré en los infinitos cruces que encontraré en ciudades, bosques y campos de cultivo? Pero esas dudas no tardan ni cinco minutos en disiparse. El Camino de Santiago, en cualquiera de sus variantes, pero muy especialmente el conocido como Camino Francés, está señalizado cada pocos pasos con llamativas flechas amarillas.

Están por todas partes. En cada bifurcación, en cada piedra, en cada esquina de la calle… las flechas impiden que los peregrinos pierdan la orientación. Son las mejores amigas del caminante, sus mejores cómplices para ayudarle a llegar a Compostela sin contratiempos.

Además, detrás de cada flecha hay gentes, hay personas que han dedicado su tiempo a pintarlas para ayudar a otros en su Camino. Normalmente son antiguos peregrinos, agradecidos, que quieren de alguna manera formar parte del Camino de otros, ayudándolos con un gesto tan sencillo como es pintar el itinerario a seguir. Y es que la ruta jacobea es una sucesión continua de ayudas anónimas y voluntarias. La flecha es quizás la más importante y a la vez la más sencilla de todas esas ayudas sin firma.

la flecha

Fue Elías Valiña, el añorado párroco de la fría aldea de Cebreiro, quien un día de hace casi treinta años inventó la flecha amarilla. Con tesón comenzó a pintar la ruta desde la frontera gallega hasta Compostela. Las señales no tardaron en extenderse. Hoy, todos los Caminos de Santiago que surcan la península Ibérica cuentan con flechas amarillas en cada cruce.

Su presencia llega a convertirse en casi una obsesión para el peregrino. Las ves incluso en sueños y, años después, cuando el Camino es sólo un recuerdo, las encuentras en cualquier ciudad y dibujas una sonrisa sin darte cuenta. Hay incluso libros sobre la flecha amarilla y miles y miles de fotos en internet que la muestran en los lugares más insospechados.

Grandes gestas ciclistas

Miércoles, diciembre 23rd, 2009

El Camino de Santiago es un reto al que cada vez se enfrentan más ciclistas. De hecho, la primera vez que yo lo recorrí fue sobre dos ruedas. Creo que a muchos nos pasa lo mismo; nos llama por primera vez el Camino como una ruta deportiva, como un reto en forma de etapas como las de una gran vuelta pero para aficionados. Pero una vez que estas recorriéndolo en bici, ves a esos tipos cargados con grandes mochilas y con ritmo pausado y te llama la atención, de modo que acabas repitiendo pero esta vez con las Chiruca y el bordón.

De todos los recuerdos que se me vienen a la cabeza al pensar en la ruta jacobea que disfruté como ciclista, hay uno que aún me hace estremecerme: los grandes puertos de montaña. Permanecen en mi mente como un recuerdo imborrable. Y es que subir a pedaladas algunos de ellos constituye una auténtica gesta digna de los ciclistas más avezados. Te tiras horas subiendo, cargado con las alforjas y disfrutando en cierto modo del esfuerzo, y después en menos de media hora vuelves a encontrarte en el fondo del valle.

El comienzo en Saint-Jean-Pied-de-Port obliga a un esfuerzo inicial importante para trepar a las alturas de Ibañeta, puerto largo pero mantenido y sin grandes desniveles. Pero si el lugar de comienzo es Roncesvalles, los primeros puertos antes de llegar a Pamplona son Erro y Mezkiritz, apenas un par de tachuelas pero que con las alforjas se hacen algo pesados. Más al sur llega el Alto del Perdón, donde el paisaje abandona los hayedos para teñirse del color del cereal.

En tierras burgalesas, los bosques que caracterizan los Montes de Oca son la única compañía del ciclista en el largo ascenso a San Juan de Ortega. Recuerdo esta subida como infinita y monótona. Además el camino era ancho como un cortafuegos, muy cómodo pero muy feo.

Las rectilíneas tierras cerealísticas de Burgos no tienen mayores impedimentos, aunque tras pasar Castrojeriz se encuentra el alto de Mostelares, una subida muy corta pero con gran pendiente y en la que nunca he visto a ningún ciclista llegar al alto sin echar el pie a tierra.

La Cruz de Ferro en los montes de León   (Foto: FreeCat)

La Cruz de Ferro en los montes de León (Foto: FreeCat)

Cuando el cereal comienza a quedar atrás, en la Maragatería leonesa, se encuentra el que para mí es el puerto más bonito, el gran puerto del Camino. Foncebadón, Manjarín o Cruz de Ferro; muchos nombres para una misma subida. Es un puerto de esos que suben los ciclistas profesionales, largo, sinuoso, con pendientes variables que juegan con el tesón y la paciencia. Pero sobre todo es un puerto precioso, con bellas panorámicas y todo tipo de encantos. Casi en lo más alto aparece Foncebadón, pueblo fantasma que ha renacido en los últimos diez años gracias a la ruta jacobea. Aún más arriba, la Cruz de Ferro sorprende a peregrinos y viajeros. Se trata de una gran cruz clavada sobre una gran montaña de piedras que los peregrinos han ido amontonando a lo largo de más de mil años. El poblado y refugio de Manjarín (1.450 m de altitud)  aparece poco después y marca el inicio de una vertiginosa bajada que discurre entre pueblos encantadores de arquitectura montañesa.

Apenas cincuenta kilómetros más adelante nos espera aún el coloso, el temido ascenso al Cebreiro, que culmina en el alto del Poio,  a unos 1.300 metros de altitud. Sus rampas son terribles, más agresivas que las del anterior pero quizás no tan bellas. Es una subida de esas que obligan a hacer algún alto con la excusa de beber agua de una fuente o sacar una foto que poco nos importa pero que sirve para recuperar el aliento. Lo mejor de esta subida es el encanto de algunas aldeas perdidas en la montaña, entre las que está el propio Cebreiro, con sus pallozas donde hasta hace pocos años pernoctaban los peregrinos.

Una vez aquí, Galicia es un auténtico rompepiernas hasta Compostela, pero no existen más puertos que se graben en el recuerdo y que perduren en él como recuerdos imborrables que los años no son capaces de borrar.

De refugios, albergues y otros lugares de pernocta

Lunes, diciembre 21st, 2009

No hace mucho que hice mi primer Camino de Santiago. Corría el año 1995 y aunque sólo han pasado quince años, los cambios en la ruta son tan notables que parecen haber caído muchas, muchísimas más hojas del calendario. No voy a ponerme nostálgico en plan “cualquier tiempo pasado fue mejor”, porque no es realmente así. Hay cambios para mejor y otros que desgraciadamente hacen ver con tristeza los progresos en el Camino.

El Camino en CastillaVolvamos por un momento a 1995. Por aquel entonces tenías que organizar la etapa del día siguiente prestando mucha atención al tema de los refugios. No todos los pueblos contaban con uno y a veces era necesario hacer grandes kilometradas para dormir bajo techo. Muchos de esos albergues eran pequeños, pero quienes los gestionaban, habitualmente voluntarios, no dudaban hacer sitio en el suelo a todos aquellos que lo necesitaran.

Hoy, en cambio, muy pocos son los pueblos sin refugios. Reamente, muy pocos son los pueblos sin dos o tres refugios. A diferencia de los albergues de hace años, los nuevos parten de la iniciativa privada, buscan el negocio y están atendidos por sus propietarios o empleados, como cualquier hostal o posada. Se trata de algo perfectamente legítimo, pero se pierde en parte el encanto de hospedarse en un lugar atendido por voluntarios, donde se cobra la voluntad y donde el principal objetivo es el servicio al peregrino y no el negocio.

En busca de dinero fácil, algunos propietarios de albergues han llegado a instalar todo tipo de máquinas expendedoras en sus establecimientos: máquinas de café, de refrescos, de sandwiches, de Internet, lavadoras a monedas… Algunos incluso acarrean las mochilas de los peregrinos hasta el siguiente pueblo por sacarse unos eurillos.

Afortunadamente aún quedan refugios tradicionales, atendidos por hospitaleros voluntarios y regidos según las viejas costumbres; lugares donde aún te invitan a compartir unas sopas de ajo o a desayunar un café con leche recién hecho sin la estampa de fondo de una máquina de CocaCola o el ruido de la secadora de pago.

En síntesis, para bien hemos ganado que no hace falta preocuparse de la búsqueda de refugio, porque son ellos casi quienes te buscan a ti. Y para mal, nos encontramos ante una mercantilización excesiva de un Camino donde a veces el euro parece importar más que los propios peregrinos.

Un día en el Camino

Jueves, diciembre 17th, 2009

Un día cualquiera en el Camino de Santiago comienza normalmente al alba. Cuando el sol comienza a asomarse por el horizonte, la mayoría de los peregrinos han abandonado ya el refugio. En alguno, como el de Resti -que ahora está jubilado pero el lugar sigue funcionando según sus pautas-, en Castrojeriz, los cantos gregorianos despiertan a los caminantes media hora antes del amanecer. El aroma del café recién hecho invade entonces las dependencias del refugio, invitando a todos a subir al comedor y desayunar un sencillo café con leche con galletas. Es uno de esos momentos mágicos del Camino que se recuerdan cuando has acabado la peregrinación.

Caminando en los bosques gallegos.  Foto: FreeCat

Caminando en los bosques gallegos. Foto: FreeCat

Con las estrellas aún en el cielo, llegan los primeros pasos. Con suerte, la salida del sol nos sorprende fuera del pueblo o la ciudad para poderla disfrutar. El objetivo de tanto madrugón no es otro que el de evitar caminar en las horas centrales del día, cuando el sol pica y el calor arrecia. En invierno todo se relaja y el saco de dormir se pega a los ojos.

El resto de la mañana se pasa caminando. Es el trabajo del peregrino, las horas de faena. Una etapa normal son entre veinte y treinta kilómetros. Suena a mucho, pero caminamos a un ritmo de unos cinco kilómetros por hora, de modo que para el mediodía se suele llegar a destino. Un menú del peregrino en alguna taberna es una recompensa obligada.

La tarde se va entre siestas, visitas culturales y algo muy importante: la colada. Y es que lo ideal para llevar poco peso encima es ir lavando cada día la ropa interior y los calcetines. Todos los refugios cuentan con lavaderos a la antigua usanza para lavar a mano. Es un rato divertido, de charleta con otros peregrinos, como era antes en los lavaderos de los pueblos.

A la hora de cenar, es habitual compartir mesa y vituallas con otros peregrinos en el comedor del refugio. Y es allí cuando llegan las largas tertulias a la luz de la luna. Bueno, no tan largas, porque los horarios de cierre de los refugios (hacia las 22,30) y el propio cansancio acumulado durante la jornada obligan a retirarse pronto a dormir. Comienza entonces una auténtica carrera para no ser el último en dormirse, porque de existir algún gran roncador en el dormitorio, conviene alcanzar el sueño antes que él. De lo contrario, a la caminata de la mañana sumaremos un auténtico via crucis de juramentos y lamentos. Pero al menos, tendremos de qué hablar en las tertulias del día después.

¡Buenas noches!

El crudo invierno

Martes, diciembre 15th, 2009

Roncesvalles en invierno

Ayer estuve en Roncesvalles. Hacía frío, mucho frío, el termómetro estaba en negativo a mediodía. La nieve, que hoy me cuentan que ya ha cubierto totalmente la zona, se hacía de rogar. “Demasiado frío para que nieve” decía uno por allí. En el albergue, los peregrinos se podían contar con los dedos de una mano y todos hablaban de lo mismo: el frío glacial que habían pasado en el paso de Bentartea, donde el Camino de Santiago tiene su techo y donde parece que el cielo puede tocarse con sólo estirar el brazo.

Y es que estas fechas son las más duras para hacer la ruta jacobea. Sólo lo intenté una vez, pero antes de llegar a Burgos ya me había subido en un tren que me llevara de vuelta a casa.

Al frío que se pasa durante las etapas se suma la soledad extrema. No hay otros peregrinos con quienes compartir las horas de caminata ni las largas tardes de descanso. No hay pastores ni agricultores en los campos, con lo agradable que resulta hacer un alto en el camino para charlar un rato con ellos, o compartir un almuerzo, o pedirles un trago de agua. No hay casi gente en los pueblos pequeños de Castilla, donde muchos emigran temporalmente a la ciudad en busca de inviernos más confortables. En resumen, no hay nadie.

Collado de Lepoeder

Pero la soledad y el frío no son los únicos enemigos del peregrino invernal. Muchos albergues echan la persiana en los meses más fríos y a veces es necesario caminar más kilómetros de los habituales para poder pernoctar en condiciones. Las infraestructuras también se vuelven más precarias, hasta el punto de que llega a ser difícil encontrar algo tan simple como oficinas de información turística abiertas fuera de los núcleos urbanos más grandes.

Por no hablar del peso de la mochila, que se llena rápido con abrigos, sacos de dormir y ropas que proporcionen calor. Vamos, que quien se anime a echarse ahora al Camino debe tener en cuenta que las dificultades propias de la peregrinación se multiplican. Aunque dicen los que han conseguido llegar a Compostela en lo más crudo del invierno que lo que también se multiplica es la satisfacción que se siente al entrar a la plaza del Obradoiro y ver la catedral. Seguro que será así.

¡Buen Camino y mucho ánimo, peregrinos invernales!

¿Qué Camino elegir?

Viernes, diciembre 11th, 2009
Camino del Norte (Foto: Freecat)

Camino del Norte (Foto: Freecat)

Cuando hace años me planteé “hacer el Camino” la primera duda que me asaltó fue qué camino tomar. En la Edad Media estos problemas modernos no tenían sentido. Cada uno arrancaba de la puerta de su casa y buscaba la ruta más corta para llegar a Compostela. Pero hoy el Camino de Santiago está señalizado y son unas cuantas las alternativas a elegir en la península Ibérica.

Entre ellas hay tres que podríamos escribir en mayúsculas:

-El Camino del Norte (Irún-Santiago): duro, me atrevería a decir incluso muy duro. A mí al menos así me lo pareció cuando me enfrenté a los continuos desniveles de la costa cantábrica. La lluvia, a menudo persistente, es otro enemigo del peregrino que lo elige; hay días que te despiertas y está lloviendo y llegas al fin de etapa y aún sigue jarreando. Como premio: panorámicas idílicas con el mar siempre como telón de fondo y cenas a base de pescado y marisco en los puertos pesqueros

-Vía de la Plata (Sevilla-Santiago): el enemigo en ella no son la lluvia ni las infinitas cuestas del Camino del Norte, sino todo lo contrario. El calor llega a ser insoportable en verano, especialmente en las inabarcables estepas y dehesas en las que la caminata se dilata durante varias horas sin encontrar pueblos ni lugares donde avituallarse. También tiene su lado bueno: una riqueza histórica marcada por el pasado romano de esta antigua calzada y una cocina potente a base de embutidos y pucheros.

-El Camino Francés o Camino Tradicional (desde Roncesvalles o Somport): se trata de la ruta jacobea por excelencia. Es el camino que seguían los peregrinos llegados de toda Europa. Su riqueza histórica y monumental es impresionante. Su red de albergues y refugios es la más extensa, haciendo posible pernoctar prácticamente en cualquier pueblo del recorrido. Además, es en él donde pervive la esencia del Camino. No faltan los personajes populares de la ruta, pícaros y buscavidas varios que convierten, como ya lo hacían en la Edad Media, la peregrinación en un mundo aparte donde todo parece posible. En contra, el masificado Camino Francés tiene el exceso de peregrinos y turistas, que llega a hacerse incómodo al acercarnos a Galicia y a los meses estivales.

Caminos en la península

A la hora de elegir uno u otro, si se trata de la primera vez que recorremos el Camino no lo dudaría; me decantaría por el Camino Francés. No deja de ser una opinión personal, pero a los otros caminos es como si les faltara algo. Son recorridos fascinantes pero no cuentan con ese espíritu –o ambiente- tan especial que caracteriza al Camino Francés. Quienes prefieran una ruta más tranquila pueden optar por la Vía de la Plata, sin duda mucho más intimista, o por el Camino del Norte, una auténtica prueba diaria de resistencia física.

En este blog iremos profundizando en todos ellos, con especial atención al Camino Francés, el mismo que ha recorrido Peio y el elegido por miles de peregrinos cada año. Y si tenéis cualquier duda o inquietud ante la idea de hacer el Camino, no dudéis en preguntar, que este blog pretende convertirse en el primer bastón en el que os apoyéis a la hora de planificar la peregrinación.

Bienvenid@s al blog

Viernes, diciembre 11th, 2009

¡Hola peregrin@s!

Bienvenid@s al blog de Expertos en el Camino, un lugar de reunión y charleta donde intentaré aclarar muchas dudas y compartir muchas anécdotas e historias sobre la ruta jacobea.

Ya sea a pie o en bicicleta, el Camino de Santiago es una aventura incomparable. Como todo gran viaje, las emociones comienzan meses atrás, cuando nos planteamos la idea de realizarlo. La búsqueda de información y la ilusión de los preparativos son la primera parte del viaje. Después llega la hora de la verdad, el día en que, como Peio, nos calzamos las Chiruca y comenzamos a caminar o a pedalear. Siempre rumbo al oeste, siempre hacia el lugar donde, cada tarde, se esconde el sol.

Desde este blog intentaré resolver esas preguntas que muchos os haréis y que un día yo también me hice: ¿qué camino elegir?, ¿cuántos caminos hay?, ¿cuál es la mejor época?, ¿qué llevar en la mochila?, ¿es necesaria preparación previa?…

Pero el blog será también punto de encuentro, como una taberna donde se charla de anécdotas, últimas noticias y chascarrillos varios.

Espero que os divirtáis y que os sirva de ayuda para planificar la peregrinación.

¡Buen Camino!